martes, 26 de mayo de 2020

Triduo 2020



Viernes 22 mayo


Nadie os quitará vuestra alegría.
Jn 16, 22

Imagen de Santa Vicenta María (Bilbao)
La vida y la vocación de la Madre Fundadora se enmarcan en un cuadro de alegría cristiana, que va más allá del sentimiento o de una sensación pasajera. Es fruto de una profunda vivencia «de fe y de amor», de la más genuina experiencia cristiana que evocamos con particular gozo dentro del tiempo pascual en el que celebramos, las más de las veces, la fiesta litúrgica de santa Vicenta María.
La alegría cristiana es una vivencia que puede convivir incluso con el dolor humano; la fe incondicional en la Resurección de nuestro Señor Jesucristo ilumina de tal manera el misterio de su Pasión y de su Muerte que nuestra participación en esos misterios se expresa en un anhelo de vivir el mandato del amor, como Él nos pide, como Él nos enseña, como la Santa Madre lo aprendió, lo vivió y nos lo enseñó.
En el ocaso de la corta vida humana de la Madre Fundadora, brillan momentos de alegría que impactaron profundamente a quienes fueron testigos presenciales de ellos. Santa Vicenta María no esconde la tristeza humana que provoca la proximidad de la muerte, pero lejos de quedarse en ella exclama: «“Triste está mi alma hasta la muerte”, pero, Jesús mío, no, Vos teníais motivos muy grandes y yo no tengo más que motivos de alegría».
El estado de alegría que la acompañó toda su vida, se hizo particularmente evidente para todos en la estapa final. La disposición de "paz y alegría interior" con la que recibió el sacramento de la Unción dejó huella no solamente en las Hermanas sino también en las señoras seglares que pudieron presenciar el acto. En los días siguientes, cuando la fatiga era continua y la fiebre estaba en el límite, un testigo nos dice que:

"En medio de todo este sufrimiento verdaderamente horrible, mantuvo completa lucidez de inteligencia, inalterable paz y hasta la dulce alegría, asombrosos en tal situación.

De Santa Vicenta María se dice que su vida estaba tan llena de fe y confianza, que en los días de más dificultades y mayor sufrimiento, el estado de ánimo que infundió en la Comunidad fue de más alegría que en otros de gran prosperidad, y ella se alegraba y decía que prefería ver a todas las hermanas animadas por ese espíritu " a todos los intereses del mundo.
Hoy más que nunca, Santa Vicenta María, nos repite que la verdadera y sólida virtud debe ser constante, alegre y exterioridades. Y eso se enseña más que con palabras, con el ejemplo de la vida.




Sábado 23 de mayo


El Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que salí de Dios.
Jn 16, 27


Imagen de Santa Vicenta María (Roma, Vía Cassia)
El cristianismo es la religión del amor y supone un corazón con las proporciones del Corazón de Cristo, que ama a todos los hombres porque todos son hijos (cf. Mt. 23,8).
Santa Vicenta María vive con fuerza esta dimensión de su fe, y con particular relieve la manifiesta en el amor a sus Hijas, en la convicción de que ‘sin el fundamento de la caridad fraterna no se levantaría nunca el edificio del Instituto’.
Ejemplo vivo de lo que enseñaba la Madre Fundadora
Amó a sus religiosas con amor purísimo, vivo y tierno, el cual la impulsaba a procurar, y hasta cierto punto exigirles el provecho de sus almas.
A un año de la fundación del Instituto, Santa Vicenta María dirigió una carta a sus hijas, que bien valdría como testamento espiritual y regla de oro para la vida. Allí manifesta no sólo sus sentimientos y deseos, sino la necesidad imperante en todo tiempo de en el Instituto se viva el amor auténtico, aquél que brota de Dios y mediante el trato con los hermanos conduce a Él de nuevo. Y lo más sorprendente es la sencillez y naturalidad con que expone la práctica del sublime mandamiento del amor:
Nada deseo tanto como el poder contemplaros abrasadas en el fuego de la caridad: amaos unas a otras por Dios y para Dios, sobreponeos a las antipatías naturales y mirad en vuestras hermanas al mismo Dios, como nos dice la Regla […].
Hablad siempre unas de otras con mucha estima, no os contradigáis cuando la cosa no lo requiera, y, en tal caso, hacedlo con suavidad. Usas siempre de palabras dulces. El espíritu de rigor y de mortificación, guárdelo cada una para sí: para las demás, de dulzura y suavidad […].
Conservad para con vuestras hermanas ausentes el mismo amor que si vivierais con ellas, […] tened el mismo interés por la casa en que vivís como por las restantes: todas pertenecen al mismo Dueño y comunes son los intereses.
El amor que profesó santa Vicenta María a sus Hijas brotaba ciertamente de su amor a Jesucristo y de su trato íntimo con Él; así no es de extrañar una cierta semejanza entre el testamento del Maestro: «Este el mandamiento mío, que os améis los unos a los otros como yo os he amado» y las palabras que dirige santa Vicenta María a la comunidad de Zaragoza en el último encuentro que tuvo con ellas:
…les digo, desde el fondo de mi alma y con el amor más tierno de mi corazón, que se amen las unas a las otras como Jesucristo nos amó, y como yo las amo a todas, y con la gracia de Dios espero amarlas hasta el fin.
Una recomendación que completó con las palabras que recoge el mosaico, de su altar en esta capilla:
Sepan que no me contento con que se amen unas a otras con verdadero amor, sino que deseo además que amen con el mismo amor a todas las almas redimidas con la sangre de Jesucristo, y especialmente a las colegialas, a quienes después de Dios y de mis Hijas, amo con el amor de la más tierna madre, y a ellas especialmente, para gloria de Dios y para ejemplo que imitarán siempre mis amadas Hijas, he consagrado mis haberes y mi vida.

Domingo 24 de mayo: Solemnidad de la Ascensión del Señor


Fue levantado en presencia de ellos, y una nube le ocultó a sus ojos.
Hch 1,9
Santa Vicenta María, pintura (Genzano di Roma)
Hoy elevamo nuestros ojos a la altura y creo que debe ser así, siempre y cuando ese “mirar a lo alto” no signifique desentenderse de las cosas de la tierra. Mientras nuestros ojos miran a las alturas, nuestros corazones tienen que estar atentos al mensaje que nos llega de lo alto y nos envía a la realidad. Precisamente porque miramos hacia lo alto podems descubrir la presencia de Aquél que está por encima de todo, tenemos la seguridad de no estar solos, tenemos la confianza de quien no hace solo el camino.
El Seño Jesús subió al cielo ante la atenta mirada de los “suyos”. La soledad, el vacío que se creó en el corazón que quienes, por un momento, creyeron quedarse solos en este mundo, se llenó con un programa de vida trasmitido por una voz misteriosa pero real.
Nosotros queremos hoy, dirigir nuestra mirada hacia la altura, allí donde está Jesús a la derecha del Padre, pero también donde se encuentra muchas otras personas que como Él, después de haber recorrido un camino más o menos largo, marcado siempre por el deseo de cumplir la voluntad de Dios, ahora aparecen a nuestros ojos como los que han alcanzado plenamente el fin principal de la existencia de cada persona; esto son los santos, personas sencillas, gente como nosotros, gente que ha entendido, gente que ha vivido, gente que ha cumplido el plan de Dios y viviendo según él nos ha dejado una huella… una invitación personal a cada uno de nosotros.
Esto ha hecho de su vida Santa Vicenta María López y Vicuña. Desde muy joven se dedicó por completo a acoger, para evitar pecados, a aquellas jóvenes que, por voluntad de Dios “triunfaron” en su corazón. Se trata de acercar las jóvenes a Jesús o de evitar que se alejen de Él. La vida de Santa Vicenta María se podría resumir como el empeño en dirigir hacia la altura la mirada de las jóvenes acogidas y socorridas en los colegios.

Pero ¿qué significa dirigir hacia la altura la mirada de las jóvenes?

Significa recibirlas, darles formación humana, cristiana y cultural.
Significa enseñarles el catecismo, la doctrina de la Iglesia y sus deberes como cristiana.
Significa enseñarlas a lee y a escribir para liberarlas de la esclavitud del analfabetismo.
Significa, sobre todo, acompañarlas en el descubrimiento de su propia vocación y ayudarlas a cumplirla generosamente según el querer de Dios.

Con el fin de poder garantizar la continuidad de lo que ya se hacía, fundó Santa Vicenta María una nueva congregación religiosa en la Iglesia.
En el año de 1890, Santa Vicenta María, miró definitivamente hacia la altura, y a los ojos de sus hijas abandonó esta tierra. Es no significa que nos haya abandonado. Ahora es ella, quien desde arriba, desde la altura, nos invita a no abandonar los surcos, a seguir cuidado las semillas que ella lanzó al campo, a cuidar y hacer fructificar con generosidad los granos que ella sembró en nuestros corazónm en los corazones de las jóvenes de todo el mundo que llegan hasta nuestras casas buscando, consciente o inconscientemente, su protección, la protección de María Inmaculada que a través de nuestras manos sigue acogiendo y bendiciendo a todas las personas que el Señor, con nuestra colaboración, quiere acercar a Él-
Santa Vicenta María rodeada de jóvenes en el jardín de la Casa Madre.
Pintura realizada con motivo de la Beatificación (1950).



viernes, 15 de mayo de 2020

Hoy... 15 de mayo

P. Isidro Hidalgo y Soba SJ (*1832-+1912)
Desde 1896 hasta 1967, en las Constituciones del Instituto figuraba una lista de fechas en las que las religiosas podían comulgar. Tuvo su origen en una época en la que la comunión diaria era una gracia extraordinaria que no se concedía a todos y la comunión frecuente, se iba abriendo paso tímidamente hasta que S. Pío X la autorizó como práctica universal para toda la Iglesia. 
A partir de entonces, aunque no era necesaria, porque la religiosas comulgaban todas cada día, se mantuvo la lista de los “días de comunión” en las Constituciones con carácter devocional, sin más propósito que el de ayudar a las Hermanas a redoblar el fervor y la acción de gracia por el inmerecido regalo de la comunión sacramental.
En esta lista figuró siempre el día 15 de mayo, fiesta de San Isidro, patrón de Madrid donde nació la Congregación y fiesta onomástica del P. Isidro Hidalgo y Soba SJ.
En las casas del Instituto se mantuvo la costumbre de tener un recuerdo especial para el P. Isidro Hidalgo, el día 15 de mayo y algún recreo extraordinario para la comunidad en señal de agradecimiento a quien tanto tuvo que ver en la fundación del Instituto y en la formación espiritual de las más de seiscientas vocaciones que el Señor había llamado al Instituto antes de la muerte del P. Hidalgo.
http://historiarmi.blogspot.com/2016/01/un-dia-como-hoy-23-de-enero.html

lunes, 11 de mayo de 2020

Hoy... 11 de mayo



Con trazos a veces pequeños y casi imperceptibles, Dios sigue escribiendo para nosotros una historia de salvación en la que somos artífices y destinatarios siempre que nos abandonamos al plan divino, como la pluma en manos del escritor.
El día 11 de mayo de 1904, en Madrid, las Hijas de la Caridad se hicieron  cargo de la Hospedería del Patrocinio en la calle de la Bola, que dejaban las Religiosas de María Inmaculada tras dos años al frente de la misma. Las Hermanas había acogido con mucha ilusión el encargo de la Hospedería porque los fines que se proponían eran muy parecidos a la misión apostólica de la Congregación y porque entre los muros de aquella casa, las primeras generaciones de religiosas de María Inmaculada, habían vivido experiencisa y momentos muy significativos para la naciente Congregación, pero la amplitud de servicios que la Hospedería presendía acabaron por desbordar los límites del propio carisma de las Hermanas del Servicio Doméstico y su paso a manos de las Hijas de la Caridad[1].

Antigua estación de Casetas
Pero en esta ocasión queremos referirnos no sólo a ‘un día como hoy’ sino a hoy mismo: 11 de mayo de 2020, cuando la Parroquia de San Miguel Arcángel, en Casetas, reabre sus puertas tras el cierre impuesto por la pandemia del Covid 19. 
Casetas, una Junta Vecinal  de Zaragoza, situada al oeste de la ciudad, nos trae al recuerdo anécdotas entrañables por haber sido nudo ferroviario, a partir de 1861,  entre las líneas Madrid-Zaragoza y Zaragoza-Pamplona.  
Regresando de Cascante a Madrid con su tía doña María Eulalia, en septiembre de 1872, Santa Vicenta María, narra a sus padres:
"Al apearnos en Casetas se presentó en la ventanilla un empleado del ferrocarril que, como si nos conociera y fuese persona interesada, nos tomó los bultos y sirvió de apoyo para bajar, con una atención y finura extraordinarias; nos enteró de que el tren de Zaragoza no había llegado todavía y nos sentamos en la estación con toda comodidad: enseguida vino D. Pablo y, mientras llegó el tren, echamos con él un párrafo de mística muy bueno. A la sazón se presenta una muy excelente mujer que la conocemos de haber servido a los hermanos de Emerenciana, con cualidades poco comunes; no sabía qué hacerse con nosotras; cargó con todos los trastos hasta que nos dejó perfectamente colocadas en el nuevo carruaje; sin conocerla, no es fácil concebir el consuelo que daba esa mujer".[2]
Años más tarde, la M. Vicenta María Romero Yagüe, superiora de la casa de Barcelona, quiso obsequiar a la comunidad de Burgos con una imagen del Niño Jesús y para el envío se sirvió de una bienhechora, pero la señorita Carmen Puentes llegó a Burgos sin la imagen porque en el trasbordo de Casetas, se la dejó olvidada en el tren. Las hermanas burgalesas esperaban con mucho entusiasmo el regalo y no queriendo perderlo, reaccionaron pronto a la desilusión y empezaron una novena a San Antonio hasta que supieron que otra señora había recogido del tren el preciado objeto y aquel Niño Jesús llegó a su destino, con cinco días de retraso el 22 de febrero de 1899.
Imagen de San José
en su nueva y definitiva ubicación
Pero si hoy dejamos volar el pensamiento y un entrañable sentimiento de gratitud hasta Casetas, no es por su antigua estación de ferrocarril, sino porque en su templo parroquial, donde se venera la imagen de Nuestra Señora de la Rosa, patrona del lugar, luce una imagen de San José depositaria de muchas miradas y de muchas plegarias que a lo largo de sesenta años le dirigieron en Santander las hijas de Santa Vicenta María López y Vicuña y las jóvenes que pasaron por aquel Colegio de María Inmaculada de la calle de Canalejas.
En el año 2018, la Comunidad salió de Santander y la imagen de San José encontró un refugio transitorio en la casa natal de la Madre Fundadora, en Cascante. Por allí pasó providencialmente un domingo de octubre de 2019, el párroco de San Miguel Arcángel de Casetas, Rdo. D. Ángel Arrebola Fernández y la ocasión fue propicia para que la superiora de la casa, H. María Adoración  de Corta y H. Concepción Notario, le ofrecieran aquella imagen de San José que desde hoy, 11 de mayo de 2020, recibe la veneración de los casetanos y su Niño bendice complacido el continuo sucederse de visitas que los parroquianos hacen a su Patrona la Virgen de la Rosa.
Capilla de la Virgen de la Rosa y de San José en la
Parroquia de San Miguel Arcángel, Casetas





[1] Cf. María Digna Díaz Pérez rmi, Historia de la Congregación de Religiosas de María Inmaculada, t. 2.1:M. María Teresa Orti y Muñoz, primera sucesora de Santa Vicenta María, fundadora de la Congregació, (1891-1925), Madrid 2018, p. 350-354.
[2] Carta de San Vicenta María a sus padres en Cascante. Madrid 27 de septiembre de 1872. CarSVM, n. 202, t. I, p. 202.

miércoles, 6 de mayo de 2020

Un día como hoy... 6 de mayo


El día 6 de mayo de 1856 fue firmado una Real Orden con la que se aprobaban los Estatutos de la Casa de Sirvientas, redactados por don Manuel María Vicuña.
En el año de 1855, doña María Eulalia Vicuña alcanzó del gobierno de la provincia de Madrid la autorización del establecimiento con el encargo de formar los estatutos para elevarlos a la aprobación de la Reina. A este hecho se añadió la necesidad de dar a las Hermanas terciarias una existencia legal en Madrid. Con este doble motivo, Manuel María, de acuerdo con los señores Noboa y Herrero, se reunió con el presbítero José María Tenorio para formalizar dichos Estatutos. El mismo Manuel María, a la luz de su propia experiencia, y de las advertencias de su hermana, redactó un proyecto de estatutos, que presentó a dichos señores y con cuyo parecer lo redujo a menor extensión, y examinado de nuevo sufrió modificaciones en los principales artículos conforme a las observaciones hechas particularmente por el Sr. Tenorio, que fue el autor de la exposición dirigida a obtener la Real aprobación.
El 1 de febrero de 1856, la señora doña Isabel Heredia de Livermore Escolar y Salas, Condesa de Zaldívar, como presidenta de la Junta, firmó los Estatutos de la casa de Huérfanas y sirvientas y de la asociación para protegerla y, presentados al Gobierno, fueron aprobados por Real Orden el 6 de mayo del mismo año.
El capítulo primero de dichos Estatutos trata de las acogidas. El artículo primero señala que el objeto es el de acojer é instruir á las jóvenes que se dediquen, o deban dedicarse al servicio doméstico, que según el artículo 4º deberán ser huérfanas, ó tener ausentes sus familias, y hallarse en la edad de catorce á veinte y ocho años. El establecimiento quedaba así abierto sin más restricción en la admisión, sino para las jóvenes que tengan quien pueda acogerlas.
Las jóvenes sirvientas, para conservar la protección de la Casa debían observar buena conducta moral distinguiéndose por el cumplimiento de sus deberes como sirvientas y por su docilidad a los consejos y amonestaciones de las señoras asociadas (art. 8º), presentándose en el establecimiento cada mes cuando menos, en el día festivo y á la hora que sus amos ó superiores les concedan para salida ó recreo (art. 9º). Las Señoras de la Junta, por su parte, recomendaban a las sirvientas y se informaban de su comporta­miento (cfr art. 10).
La Asociación protectora de la Casa, de que es objeto el segundo capítulo de los Estatutos, se compone de dos clases de miembros: socias activas y personas que de cualquier otro modo sean bienhechoras del establecimiento. Con el fin de dar una mayor eficacia a la obra y alcanzar el mayor número posible de jóvenes sirvientas de la población la socias activas se distribuirán en secciones, y estas ordinariamente corresponderán una á cada parroquia de las de esta córte, y dos más para los hospitales y demas establecimientos públicos de pobres, con la preferencia que estos siempre merecen (art. 16).
Los capítulos tercero y cuarto tratan respectivamente del gobierno de la Asociación y de los fondos para el sostenimiento de la Casa, mientras que el capítulo quinto referido al régimen interior del Establecimiento, exige por parte de las Hermanas Carmelitas, de la Asociación de señoras y del Director espiritual, una tan estrecha colaboración que de ésta depende, en gran medida, el buen funcionamiento del Establecimiento y el provecho de las acogidas.
Dos artículos adicionales encomiendan a la Junta de gobierno de la Asociación la formación del reglamento interior en vista de lo que la práctica le enseñe ser más conveniente y con sujeción estricta á los presentes estatutos (art. 50) y sujetan a la aprobación del gobierno cualquier variación de los estatutos (art. 51).

El día 6 de mayo de 1870, un Breve del Beato Pío IX, autorizó la celebración diaria de la Misa en el Oratorio del Asilo de sirvientas, que para entonces tenía su domilicio en la plaza de San Miguel de Madrid.





[1] Observaciones, f. 4v.

jueves, 30 de abril de 2020

Otros tiempos… ¡otras personas!



Mientras espero y deseo, como todos, el final del aislamiento y de la pandemia Covid19, consciente de que la “normalidad” en la que viviremos seguramente va a ser muy diferente de lo que hemos conocido en las últimas décadas… mientras trato de encontrar una respuesta… mientras el Tiempo pascual me anima a compartir esperanzas y no miedos… mientras balbuceo ante el Crucifijo y el Sagrario queriendo encontrar cuál es el sendero que, como Religiosa de María Inmaculada, me conduce hoy al Gólgota, al camino de Emaús, al Cenáculo y al mundo… no puedo borrar de mi recuerdo escenas, nombres y rostros que no he conocido personalmente o sí y, me han emocionado hasta las lágrimas invitándome a una mayor fidelidad… Cuando pienso en cómo vivieron nuestras Hermanas acontecimientos como la pérdida del capital heredado de Don Manuel María (1884), la Semana Trágica de Barcelona (julio de 1909), las consecuencias de la I Guerra Mundial (1914-1918), la Semana Trágica de Buenos Aires (enero de 1919), la Revolucion Mexicana (1910-1917), la Guerra Cristera, en México (1926-1929), la Proclamación de la II Republica en España (1931), la Guerra Civil (1936-1939), la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el azote terrorista de el Sendero Luminoso en Perú (1980-1991)… me niego a seguir pensando que “eran otros tiempos” porque estoy convencida de que quienes superaron la contrariedad con semejante firmeza en su fe no fueron otros tiempos sino «otras personas» y resuenan en mi corazón las reflexiones de San Ignacio de Loyola: “Si ellas sí, ¿por qué yo no?.”
Me faltan fuentes, me faltan datos, me falta estudio para poder hacer una reflexión serena y documentada de lo que vivieron, sufrieron y superaron nuestras Hermanas en las situaciones mencionadas y en otras muchas que también les fueron adversas. Con lo que conozco a día de hoy me siguen sorprendiendo y admirando: la firmeza con que la Madre Fundadora defendió ante todo y ante todos el fin principal del Instituto, infundió confianza en las Hermanas y siguió recibiendo jóvenes cuando para cualquier cálculo humano era temerario tener las casas gratuitamente llenas de jóvenes pobres, sin más ingresos que el trabajo de las religiosas.
Me sobrecoge una comunidad como la de Barcelona resistiéndose a abandonar la casa mientras el fuego destruía iglesias y conventos en la ciudad y, cuando la situación se hizo insostenibe pasar por la terraza a la casa de al lado, quedándose cuatro de ellas en la casa porque se hacía imposible encontrar alojamiento para las chicas. Me admira su alegría y gratitud al Señor por el beneficio de tener pan, bacalao y algo de leche para las delicadas cuando ya no se encontraban alimentos en los mercados y las tiendas estaban cerradas. ¡Qué lejos quedaban las posibilidades de comunicación que ahora tenemos! La comunidad de Barcelona en 1909 tardó ocho días en poder enviar alguna noticia a la Madre General, porque desde el 26 de julio hasta el 2 de agosto Barcelona estuvo aislada y no había ningún medio de comunicación con Madrid.
Al comienzo de la I Guerra Mundial, la Congregación no tenía casas en los países combatientes, pero la pobreza que originó el conflicto sí se hizo sentir en la mayor parte de las casas, en las que se intensificaron rogativas pidiendo la paz para Europa. La Congregación hizo frente a la nueva situación intensificando el trabajo para mantener la obra apostólica, abriendo un nuevo noviciado en Barcelona, que se trasladó a Logroño en el mismo año de 1915; fundando casas en la Habana, Pamplona y Ciudad Real; estableciendo una enfermería para antender a las religiosas enfermas en Carabanchel…
El 7 de enero de 1919, el estallido de la Revolución conocida como la “Semana Trágica” en Buenos Aires sorprendió en la calle a H. María Manuela que pudo refugiarse en el Colegio de El Salvador, hasta que logró tomar un tranvía que la acercara a la casa. Las Hermanas eran queridas por los vecinos y muchas familias amigas, de manera que cuando los revolucionaron empezaron a quemar y profanar iglesias y conventos, enviaron vestidos de seglar y sombreros por si la comunidad quería salir en caso de peligro. Aconsejadas por el confesor, se repartieron entre algunas casas de familia pero quedaron algunas para tratar de evitar el saqueo. Apenas recuperada la normalidad, M. María del Consuelo Maciá les dijo que se marchaba para tres semanas a Chile como Visitadora de la casa de Santiago, donde ya había fallecido M. María de los Desamparados Molina y me admira el alivio y contento de las Hermanas de Buenos Aires con sólo saber que aquello era voluntad de Dios y que el viaje de M. María del Consuelo sería de verdad un consuelo para la comunidad trasandina.
M. María Teresa Orti retrasó la fundación en México, hasta 1913, por causa de la Revolución y aceleró la apertura en La Habana, en 1915, porque las cosas volvieron a ponerse feas y le pareció mejor tener una casa cerca donde poder acoger a las que estaban en México (varias junioras entre ellas), sin necesidad de traerlas a Europa si llegaba el momento de tener que sacarlas del país. En los años de relativa calma llamaron a las puertas del Instituto por lo menos veinte nuevas vocaciones con un índice de perseverancia de algo más del 50%. Pero lo peor en México llegó, como una de las primeras perlas del servicio de gobierno de M. María de la Concepción Marqués, con la persecución religiosa a partir de 1926. El día 13 de febrero empezó en México capital el éxodo de las Hermanas vestidas de seglar hacia casas de familia donde fueron acogidas. El maltrecho corazón de M. María de Santa Victoria Lobera no resistió y falleció el 26 de febrero, cuando llevaba doce días acogida por una familia que desafió la persecución para que la Hermana fuera amortajada con su hábito religioso y tuviera un digno funeral y entierro. M. María del Buen Pastor Doménech, como Visitadora enviada por M. María de la Concepción Marqués, vivió con las religiosas, durante siete años, los acontecimientos dolorosos en extremo de la persecución y abandonó México en 1933 con la certeza de que Dios tendría destinadas a otras Hermanas para «convertir en gran hoguera las cenizas aún humeantes» de la fundación en México. Pero como todo amanecer va precedido de un ocaso, para la Congregación el sol se puso en México dos años más tarde, cuando agotados todos los recursos, la M. General decidió sacar de allí a las Hermanas que aún quedaban. Tendrían que pasar doce años hasta que M. María de San Luis de Caso enviara nueve Religiosas de María Inmaculada a reavivar el fuego de la primera hoguera
Mientras tanto, en España, donde la Congregación tiene el mayor número de casas y religiosas, «pintan bastos». La II República no tardó en mostrar su verdadero carnet de identidad y M. María de la Concepción Marqués puso en marcha sus mejores dotes de gobierno a partir del 13 de abril de 1931. Trató por todos los medios de poner a salvo la mayor reliquia: los restos mortales de la Madre Fundadora y el mayor patrimonio: la vida de las Hermanas. Fundaciones dentro y fuera de España, traslados de las casas de formación y establecimiento de la Curia General en el sur de Francia, intento por todos los medios de no perder el contacto con las religiosas…; lo intentó todo y consiguió mucho, pero el precio fue alto: las Hermanas se dispersaron; algunas sufrieron todos los horrores del martirio menos la muerte; varias casas se salvaron gracias a la ilimitada heroicidad de las religiosas: Almería, Toledo, Valencia, Barcelona, Madrid….
M. Maria de la Concepción murió sin conocer el final del conflicto y el reencuentro de las Hermanas con sus comunidades, pero bendijo desde el cielo el esfuerzo, a veces sobrehumano, de sus religiosas por volver a una “nueva normalidad” en la que había que hacer milagros cada día para acoger, alimentar, sanar, educar y formar para el trabajo a cientos de jovencitas que volvían a llamar a las puertas de los colegios, sin más patrimonio que sus manos para trabajar.
Y me siguen interrogando la valentía y la constancia de las Hermanas durante el conflicto armado, y su capacidad de trabajo, sacrificio y entrega en los largos años de la dura postguerra cuando en suma pobreza sacaron a flote de nuevo las casas con un floreciente apostolado; cuando la enfermedad y el exceso de trabajo mermaban su salud y sus fuerzas pero ellas seguían sonriendo, rezando y trabajando porque la mies siempre es mucha y los obreros siempre son pocos.
A M. María de San Luis de Caso no le bastó el desolador panorama de la postguerra para sus años de gobierno; la II Guerra Mundial puso en jaque sobre todo las casas de Francia, Inglaterra e Italia… cuántos sobresaltos, cuánta escasez y cuánto trabajo sacrificado selló la década de los años ’40 en toda la Congregación, hasta que pudo coronar su servicio de Gobierno viendo cumplido uno de sus mayores anhelos: abrazar a las Hermanas que estaban en América, aunque no llegara a verlas a todas y el viaje se cobrara como precio su propia vida.
Cuando parecia que todo iba más o menos bien, las Hermanas de Perú vivieron muy de cerca la amenaza terrorista de Sendero Luminoso que tanta muerte y tanto horror sembró en aquel pais.
Y cuando nos parecía que podíamos navegar a velas desplegadas sin grandísimos problemas, cuando la escasez de personal se iba cubriendo con el trabajo de los seglares, casi como una nueva promesa de la continuidad del carisma… de pronto, fue como si regresáramos a una época del pasado, de repente se han hecho más creíbles las plagas de Egipto y la leyenda de que la Isla Tiberina se formó con el trigo que hubo que arrojar al río para acabar con una terrible epidemia que diezmaba sin piedad la poblacion; de pronto no sabemos cómo será la “nueva normalidad”...
Tal vez por eso hoy me cuesta definir mis sentimientos ante el recuerdo y la heroica santidad de religiosas como: María del Buen Pastor Doménech, María del Niño Jesus Fontela, María de Santa Victoria Lobera, María de los Desposorios Landa, María del Romero Zabaleta, María Teresa Romero Yagüe, María Alicia Ruiz Pascual, María del Consuelo Maciá, María Bernarda de Hoyos Rojo, María Manuela Roca, María de los Reyes Barrasa, María de San Alfonso Alemany, Amadora Pascual, María Miguelina Ferrer, María del Santo Cristo Gutiérrez, María Paz Berroa, María Tarsicia Górriz, María de San Juan Bertoli… y tantas otras, cuyo único gran secreto para «convertir en gran hoguera las cenizas aún humeantes» fue la fe, la certeza de que «la obra es de Dios y en Él solo hemos de poner nuestra confianza» (CarSVM n. 329.5) y las dificultades, motivo de consuelo porque ponen a nuestras cosas el sello de ser de Dios (Cf. CarSVM n. 1510.2).
Cuando todo esto haya pasado, y sintamos que ha llegado el momento de tomar el testigo, quiero creer que el trabajo, el sufrimiento, la entrega, el celo apostólico, la alegría, la confianza, la esperanza y el ciego abandono de nuestras hermanas en aras del cumplimiento de la voluntad de Dios no ha sido en vano; quiero creer que la vida de caridad que ha ido acrecentando el caudal de santidad en el Instituto a lo largo de su historia será tan sólida como la quiso la Madre Fundadora, quiero creer que el amor de Cristo rebosando por la llaga de su Costado herido y hecho alimento en la Eucaristía orientará nuestro ser y nuestro hacer hasta que, unidas a las que nos precedieron, a las que nos seguirán y a las almas que se nos han encomendado, rebosando en dulce beatitud rindamos el mejor don de eterna gratitud.

Roma, 25 de abril de 2020
San Marcos Evangelista y San Herminio de Lobbes

María Digna de JESÚS Díaz RMI

jueves, 23 de abril de 2020

Un día como hoy... 23 de abril

Nuestra Señora del Pilar luciendo el manto
de la Congregación.

1890:  Santa Vicenta María visita por última vez a la Virgen del Pilar en Zaragoza, una imagen y una advocación a la que profesó siempre especial cariño y devoción. Santa Vicenta María visitó por vez primera la Basílica de Nuestra Señora del Pilar en el mes de septiembre de 1867, un momento particularmente delicado en su vida porque parecía llegada la hora de Dios y a ella le faltaban fuerzas y argumentos para revelar a sus padres cuál era el camino por el que el Señor la llamaba a a santificarse en el servicio a las jóvenes. Lo que ocurrió en aquella visita, entre la Virgen y la Madre Fundadora tal vez nadie lo ha sabido nunca. Sí sabemos que cuando las circunstancias las obligaron a restringir las salidas de casa a sus  religiosas, Santa Vicenta María prohibió incluso salir a visitar iglesias o lugares de culto con una salvedad: la Capilla de la Santísima Virgen del Pilar en Zaragoza. Tampoco sabremos nunca qué se dijeron aquel 23 de abril de 1890, cuando Santa Vicenta María tenía tantos asuntos para tratar con la Virgen y era plenamente consciente de que era su último encuentro en aquel lugar.

Colegio de María Inmaculada en la calle del Consejo de Ciento

           Mientras la Madre reza en Zaragoza, la Virgen bendice la fe y la confianza con que se realiza un sencillo y discreto acto en Barcelona, para ir preparando las construcción de un nuevo Colegio de María Inmaculada. Tres amigos y bienhechores, comulgaron tal vez en la parroquia de la Concepción y después, en nombre y representación de Santa Vicenta María, se acercaron hasta el terreno recién comprado en la vecina calle del Consejo de Ciento, donde enterraron las me­dallas del Sagra­do Corazón, de la Inmacula­da y de S. José.

viernes, 17 de abril de 2020

Un día como hoy... 17 de abril



1888: En abril de 1888, Santa Vicenta María empezaba a entrever cómo se consolidaba lala necesidad de uniformar algunas costumbres en la Congregación de cara a salvaguardar la unidad y a dar un mayor testimonio que atrajese vocaciones al Instituto. La Madre Fundadora, de acuerdo con D. Ciriaco María Sancha y con el P. Hidalgo, dirigió, el 17 de abril, una carta a las comunidades fijando algunas costumbres que debían observarse en todas las casas del Instituto[1]. De los siete puntos que señala, los dos primeros se refieren a los días de comunión y a la intención de la comunión en los primeros viernes. El tercero y el cuarto, a las penitencias y la clausura. El quinto y el sexto al tratamiento de las Hermanas; y el último a la bendición de la mesa.
Capilla de la Casa Madre 1886-1898

Congregación por ella fundada, aunque siguiera siendo excesivamente escaso el personal y no faltaran dificultades de todo género. Pero tenía ya Sagrario con el Santísimo Sacramento presidiendo cada una de las cuatro casas abiertas y dos de ellas, Madrid y Sevilla, instaladas en edificios propios y con espacios suficientes para dar expansión a la obra apostólica. Tal vez fue ese conjunto de cosas lo que provocó en el ánimo de Santa Vicenta María
En las expresiones del trato mutuo, no se distinguieron las Hermanas hasta entonces, pero D. Ciriaco María Sancha y la Madre Fundadora, decidieron dar tratamiento de “Madre” no sólo a las superioras sino a todas las religiosas de la clase de directoras, desde que emitieran sus primeros votos, por ser el que mejor expresa los oficios que desempeñan con nuestras jóvenes, y se suprimió el ‘Sor’ que hasta poco antes había precedido a las firmas sustituyéndolo con las iniciales de Religiosa de María Inmaculada debajo del nombre.
Patio de la Casa de la calle de Jesús en Sevilla
La Congregación de Hermanas del servicio doméstico estaba llamada a realizar con las sirvientas una labor apostólica que no se ceñía al ámbito de sus colegios. El trabajo de las Hermanas se inicia con las jóvenes que reciben en sus casas, pero debe ser continuado con las que dejan el colegio para colocarse como sirvientas y con las familias a quienes prestan sus servicios. El artículo 23 de las Constituciones señala que
atendiendo a los fines de la Congregación, no guardarán clausura, pero no saldrán de casa sino cuando lo mandase la Superiora y con la Hermana que la misma designase. No mostrarán repugnancia en salir siempre que la obediencia lo ordenare, seguras de que agradarán a Dios en el cumplimiento de cuanto se les mandase por medio de la Superiora[2].

Sin mencionar el trabajo apostólico, la Madre Fundadora impone una cierta clausura a los miembros del Instituto.
Conviene que nuestras Religiosas no salgan de casa y, por tanto, no se harán más visitas que las de oficio, como son las de Prelados u otras que, aunque rara vez, pueden ofrecerse. No irán a oficinas de ningún género, en que haya o pueda haber asuntos de interés, más que en algún caso de absoluta necesidad o de gran conveniencia. No saldrán a comercios ni diligencias de este género, y menos a ver de exprofeso las cosas notables que pueda haber en cada población, ni aún Iglesias o santuarios, exceptuando la Capilla de la S[antísi]ma. Virgen del Pilar[3].
Por lo que se refiere a las penitencias, las Constituciones señalan que,
En atención al trabajo que lleva consigo el Instituto, y otras razones que para ello encuentran personas de virtud y experien­cia, no habrá penitencia alguna señalada[4].
La devoción personal de la Madre Fundadora a las prácticas de penitencia, y, tal vez el deseo de las Hermanas, la llevó a determinar en las costumbres introducidas ahora, la abstinencia en la cena de los sábados, invitando a las enfermas, “o demasiado endebles”, a mortificarse con la privación del consuelo que es de esperar experimenten todas, en ofrecer este pequeño obsequio a la Santísima Virgen.
En 1890 la Congregación de Hermanas del servicio doméstico de la Inmaculada Concepción, se rige por las Constituciones que denominamos de 1882, aprobadas por el Cardenal Juan Ignacio Moreno. A modo de apéndice se les añadieron las “Advertencias” hechas por la Sagrada Congregación. Las Reglas comunes y particulares, facilitaban la observancia de las Constituciones. La manera de regirse en las cosas más ordinarias de la vida diaria, quedó fijada en la carta circular a que hemos aludido, y en el libro de las Prácticas y costumbres que la Madre Fundadora dedica al noviciado, pero que de hecho, observarán todas las religiosas[5].

1932:  Cuarenta y cuatro años habían pasado desde que Santa Vicenta María redactara en Barcelona su cuarta carta circular para ayudar a consolidar el estilo de vida propio en los miembros el Instituto, cuando el 17 de abril de 1932 llegaban a París, cinco novicias destinadas a ser el cimiento el nuevo «noviciado de San José», porque M. María de la Concepción Marqués puso en acción su profundo e incuestionable amor al Instituto y toda su intuición para buscar respuestas a la responsabilidad, que su servicio de gobierno reclamaban de ella en unas condiciones tan adversas a la vida religiosa como las vividas en la década de los años ‘30 del siglo XX en España.
Dos cubanas: María Isabel Saavedra Gracía[6] y María de la Caridad Illera Hernández[7], y tres españolas: María Teresita de la Santa Faz Rubio Medinabeitia[8], María Blanca Guallart Martínez-Vargas[9], María de San Rafael Martín Vicente[10], viajaron de Bilbao a París, donde completaron su primera formación y desde ella se dispersaron por los caminos que les fue señalando la obediencia para ser testigos de la Resurreción y desgastarse hasta dar la vida por salvar almas y acercar las jóvenes a Jesúcristo.




[1] Cf. Carta a todas las Hermanas de la Congregación. Barcelona, 17.04.1888, CarSVM, n. 1136, III, 299s.
[2] Constituciones 1882, art. 23, REDACTA 233.
[3] CarSVM, n. 1136.1, III, 299. Las medidas, que posteriormente, intenta adoptar M. María Teresa Orti, no pueden mantenerse sin perjuicio de la obra apostólica. En el ejemplar de las Constituciones que se conserva en el AGRMI, arm. 1, carp. 32, hay, inserta, una anotación de caligrafía de M. María Eulalia Sánchez, que dice: Nota: Habiendo probado la experiencia que para lograr los fines del Instituto no se necesita absolutamente salir de casa, la Superiora general acordó y ordenó que las religiosas no salieran más que para visitas oficiales de Prelados, Personas reales, etc. y las imprescindibles en las fundaciones, así se observará en adelante. El texto de las Constituciones no ha podido variarse por ser el presentado a Roma y hallarse en prueba las modificaciones hechas por la Sagrada Penitenciaria [sic], cuando llegue el caso de presentarlas de nuevo para la aprobación definitiva será la ocasión de variar este capítulo como otros varios. En el intento de mantener tal decisión, se creó, en 1896, una tercera clase de “Hermanas Auxiliares” con la misión de visitar a las jóvenes del Colegio en las casas donde sirven, acompañar a las que se hallen desacomodadas, hacer las compras y los demás encargos de fuera (cf. Constituciones RMI 1896, n. 4. Al no ser reconocida esta tercera clase por el Decreto de aprobación del Instituto en 1899, los encargos de fuera de casa se encomendaron a las Hermanas Coadjutoras, mientras las Directoras siguieron sujetas a la norma de la clausura (cf. Constituciones 1896; Autorización para imponer el hábito a las Hermanas Auxiliares, en AGRMI, arm. 1, carp. 7/13; Decreto de aprobación del 13.01.1899, SCOR, n. 15016/14).
[4] Constituciones 1882, art. 18, REDACTA 227.
[5] Cf. María Digna Díaz Pérez, Historía de la Congregación de Religiosas de María Inmaculada, t. I, Madrid 2000, p. 446-449.
[6] Nació en Guinés (La Habana) el 14 de junio de 1902; entró en la Congregación en Madrid el 16 de julio de 1930; vistio el hábito en Bilbao el 18 de enero de 1931; hizo sus primeros votos en París el 5 de febrero de 1933; emitió la profesión perpetua en París el 6 de febrro de 1938; falleció en Santa Antonio Texas el 4 de abril de 1983.
[7] Nació en San Antonio de los Baños (La Habana) el 10 de agosto de 1902; entró en la Congregación en Bilbao el 19 de junio de 1931; vistio el hábito en Bilbao el 9 de febrero de 1932; hizo sus primeros votos en París 11.02.1934; emitió la profesión perpetua en Roma, Vía Palestro, el 11 de febrero de 1939; falleció en Medellín 18 de enero de 1984.
[8] Nació en Bilbao el 1 de octubre de 1913; entró en la Congregación en Madrid el 27 de marzo de 1930; vistio el hábito en Madrid el 28 de diciembre de 1930; hizo sus primeros votos en Paris el 26 de marzo de 1933; emitió la profesión perpetua en Roma-Vía Palestro el 24 de junio de 1938; falleció en Vigo el 23 de mayo de 2003.
[9] Nació en San Juan de la Cuenca (Asturias) el 24 de agosto de 1911; entró en la Congregación en Madrid  el 8 de diciembre de de 1930; vistio el hábito en Bilbao el 15 de agosto de 1931; hizo sus primeros votos en París el 1 de octubre de 1933; emitió la profesión perpetua en La Coruña el 1 de octubre de 1938; falleció en Logroño (Betania) el 11 de octubre de 1946.
[10] Nació en Aldeavila de la Rivera el 8 de agosto de 1911; entró en la Congregación en Madrid el 28 de noviembre de 1929; vistio el hábito en Madrid  el 9 de noviembre de 1930; hizo sus primeros votos en Parísel  5 de febrero de 1933; emitió la profesión perpetua en La Corña el 2 de febrero de 1938; falleció en Vitoria el 12 de enero de 2005.