miércoles, 24 de mayo de 2017

Triduo en honor de santa Vicenta María - día primero

Himno a Santa Vicenta María (I)


Llenen los aires nuestros cantares,
himno grandioso eleve la voz
a la Madre mil veces bendita
ejemplo excelso de fe y de amor.

Yo quisiera hoy, dado que cantar no puedo, afinar el oído cuanto me sea posible para escuchar, desde el corazón, los “cantares” con los cuales a lo largo de la historia congregacional, han honrado y venerado a la Madre Fundadora las Hermanas que nos han precedido y las que en este presente son pilares que sostienen y dan proyección de futuro al Instituto.
Tengo para mí que, dando razón de ser a esos “cantares” de la Congregación está la alegría profunda y desbordante que cubre, como si de un arcoiris se tratara, toda la existencia humana de santa Vicenta María.
La vida y la vocación de la Madre Fundadora se enmarcan en un cuadro de alegría cristiana, que va más allá del sentimiento o de una sensación pasajera. Es fruto de una profunda vivencia «de fe y de amor», de la más genuina experiencia cristiana que evocamos con particular gozo dentro del tiempo pascual en el que celebramos, las más de las veces, la fiesta litúrgica de santa Vicenta María[1].

La alegría cristiana es una vivencia que puede convivir incluso con el dolor humano; la fe incondicional en la Resurección de nuestro Señor Jesucristo ilumina de tal manera el misterio de su Pasión y de su Muerte que nuestra participación en esos misterios se expresa en un anhelo de vivir el mandato del amor, como Él nos pide, como Él nos enseña, como la Santa Madre lo aprendió, lo vivió y nos lo enseñó.
La existencia terrena de santa Vicenta María podemos enmarcarla entre dos manifestaciones de alegría, de gozo, de gratitud que son tales cuando, desde la fe y el amor cristiano, pueden sobreponerse a situaciones de profundo dolor humano, de enfermedad y de muerte.
Cuando don José María comunicó a Madrid la noticia del segundo alumbramiento de su esposa, afirma que «Dios aflige y no desampara» y que, si bien era cierto que el 8 de marzo había sido un día de llanto para la familia, no lo era menos que el 22, recibían a la segundogénita «con toda felicidad» y con la misma celebran su bautizo unas horas más tarde. La tristeza, el vacío, el temor, la incertidumbre que en aquella casa había sembrado la muerte quedaba disipada como niebla mañanera por la alegría del nuevo nacimiento.
En el ocaso de la vida humana de la Madre Fundadora, brillan momentos de una alegría que impactaron profundamente a quienes fueron testigos presenciales de ellos. No esconde santa Vicenta María la tristeza que provoca la proximidad de la muerte, pero lejos de quedarse en ella exclama: «“Triste está mi alma hasta la muerte”[2], pero, Jesús mío, no, Vos teníais motivos muy grandes y yo no tengo más que motivos de alegría».
Aquel estado de alegría que la acompañó toda su vida, se hizo particularmente evidente para todos en la estapa final.  El 10 de diciembre recibió la Extreaunción, de manos del P. Hidalgo con una disposición de «paz y alegría interior» que dejó huella no solamente en las Hermanas sino también en las señoras seglares que pudieron presenciar el acto. Dos días más tarde, la fatiga era continua y la fiebra rayaba los 40º,
«y en medio de todo este sufrimiento verdaderamente horrible, [mantuvo] completa lucidez de inteligencia, inalterable paz y hasta dulce alegría, [y tuvo] rasgos de agudeza de ingenio, asombrosos en tal situación.
Animándola su piadoso Director llegó a decirle que para que el milagro por intercesión de S. José fuese más visible había de estar en la agonía y recobrar la salud. A lo que contestó con tanta viveza como gracia: "¡Ay! ¿y he de padecer dos agonías yo que tanto temo a una?".
Por la tarde vino el P. Hidalgo, rezó la novena que se está haciendo a la Inmaculada, con el Sagrario abierto y después de un precioso acto de consagración al Sagrado Corazón de Jesús dio la bendición con el Santísimo a la enferma.- "No hay monja más feliz que yo", decía con santa alegría, "¡cómo me paga Ntro. Señor lo poco que padezco!"»

La tranquilidad, la alegría y la dulzura con que santa Vicenta María escuchaba las oraciones que rezaban junto a ella, hace afirmar a la periodista Isabel Cheix que aquello no era «morir, sino pasar del destierro de la vida al gozo eterno del Señor, acabar la existencia animada por la fe, llena de esperanza, abrasada en el amor de Dios»
M. María de la Concepción Marqués, afirma que los continuos padecimientos de la enfermedad no bastaron para «hacerla perder ni un punto la conformidad, la paciencia, y hasta la alegría santa con que recibía de la mano amorosa del Señor los dolores, y los sufrimientos más intensos»
En 1868, al terminar los Ejercicios y ser interrogada por su tía Sor Dominica, acerca de la resolución que había tomado en orden a su vocación (a mí siempre me ha sorprendido la respuesta de la Santa Madre, cuando lo que va a comunicar sabe ella bien que no a todos les va a resultar agradable) tiene una respuesta que es como un eco del Magnificat: «Alegrémonos en Dios, que es quien así lo ha querido y por quien hemos de quererlo también nosotras: las chicas han triunfado».
Conocer la voluntad de Dios para ella, para sus Hijas, para las chicas… y reconocer la gracia del Señor para poder cumplirla es siempre un motivo de alegría en la vida de santa Vicenta María.
Las dificultades que ofrece el trabajo apostólico de la obra confiada por la Iglesia a la Congregación, las combatía la Madre Fundadora con el cultivo de esa alegría que es fruto de una vida de fe y de amor.
M. María Teresa Orti no se cansa de evocar esa característica tan propia nuestra, y escribe después de una de sus visitas a las casas: «¡Si viesen qué alegría da cuando como yo, se tiene que ir de una casa a otra (que ahora bien reciente lo tengo), y se encuentran a nuestras Hermanas todas alegres, todas deseando ser buenas, y contentas y más contentas con su vocación! Mucho me acuerdo ahora que somos tantas de nuestra santa Madre que gozaría mucho, pero ella desde el cielo nos verá y gozará más».
Cuando las situaciones son adversas, cuando el odio a la Iglesia amenaza también a la Congregación, M. María Teresa, haciéndose eco de aquella alegría que ella había aprendido de la Madre Fundadora, no duda en decir a las Hermanas, que los males que nos amenzan no deben «quitarles la alegría tan propia de este tiempo [de Navidad], al contrario, infundirles ánimo y alegría verdadera: motivo para ello lo tenemos, pues, quién puede tener mayor alegría que nosotras, a quienes cabe la dicha de conocer y amar al Divino Redentor».
El gozo que nos caracteriza no es ideal, teórico o desencarnado, es algo que conforma nuestro modo de ser, en las pequeñeces de cada día y en los momentos que exigen actos grande de genero-sidad; así se entiende que  «Llenas de alegría emprendieron su marcha» las primeras religiosas del Instituto destinadas a América.
M. María Teresa no se cansa de exhortar a la alegría a las comunidades porque, según ella «la alegría y la devoción son hermanas inseparables de las buenas religiosas».
Cuando, hace cien años, creyó que daba su último consejo a la Congregación como Superiora General, terminó formulando una invitación: «Seamos muy buenas, muy rectas y sinceras en todas nuestras obras, con la mirada puesta muy alta, que eso da grande alegría y paz al alma; compensación inmensa que el Señor concede a cambio de los pequeños, y a veces viles gustillos terrenos, que es fuerza sacrificar para obrar de manera digna de una buena Religiosa Hija de María Inmaculada y de su fiel sierva nuestra santa Madre Fundadora».
Porque creyó… porque amó… porque creemos… porque amamos, también nosotras queremos llenar los aires con nuestros cantares, entonando un himno grandioso de alegría, de fidelidad, de entrega generosa, de santidad recibida, luchada y ofrecida, a quien el Señor nos regaló por madre, que no deja ni dejará nunca de velar por cada una de nosotras.

Llenen los aires nuestros cantares,
himno grandioso eleve la voz
a la Madre mil veces bendita
ejemplo excelso de fe y de amor.



[1] Para que la fiesta de santa Vicenta María se celebre después de Pentecostés hace falta que la Pascua caiga entre el 22 de marzo y el 5 de abril y no es lo más frecuente, aunque ocurrirá en 2026.
[2] Mt. 26, 38.

domingo, 26 de marzo de 2017

25 de marzo - Esperábamos este día

Beato José Álvarez Benavides y de la Torre

Casa de las Religiosas de María Inmaculada en Almería
No cabe duda de que en el Colegio de María Inmaculada en Almería dejó una profunda huella el beato José Álvarez Benavides. Presente y cercano a las religiosas y a las jóvenes desde la misma fundación. Pendiente de las necesidades espirituales y materiales. El Sr. Álvarez Benavides sintonizó perfectamente con aquella casa y su apostolado.
A los tres días de llegar las primeras Religiosas de María Inmaculada a Almería, el 25 de mayo de 1908, recibieron del obispado un oficio por el que se nombraba a D. José Álvarez Benavides confesor de la comunidad, cuando era Canónigo Secretario de Cámara y Gobierno del Obispado. A partir de entonces no sólo confesaba a la comunidad sino también a las jóvenes; predicaba en las novenas; presidía o participaba en celebraciones, procesiones o reparto de premios a las chicas.
Podemos dar por cierto que D. José A. Benavides no se ausentaba de Almería sin haber pasado antes a despedirse de la comunidad y lo mismo hacía a su regreso.
El 17 de octubre de 1911, en regocijo fue grande para la comunidad con la llegada a Almería de la imagen de la Inmaculada, donativo de un fervoroso sacerdote amante de la Santísima Virgen y protector de sus Hijas, religiosas y acogidas, una talla de la Inmaculada de tamaño más que natural que lució en la inauguración de la capilla en la calle de la Infanta.
En 1912 acompañó al Sr. Obispo, D. Vicente Casanova, a Roma y a Tierra Santa. A su regreso, el 16 de junio se acercó hasta la calle de San Juan, y se entretuvo contando a las religiosas cosas de su viaje y distribuyéndoles  un rosario de Jerusalén, una cruz que llaman del perdón y unas medallitas de Roma. Al año siguiente, interrumpió su descanso en el campo y regresó a Almería el 24 de junio para celebrar una Misa y despedir a la superiora de la casa, M. María de la Trinidad Callén y Corzán y a M. María Cecilia Flores Laborié que se iban destinadas a la nueva fundación en México.
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Su condición de confesor de la comunidad, la confianza que las religiosas llegaron a tener con él y su extrema bondad fueron elementos suficientes para hacerle conocedor de las estrecheces económicas de la casa y de algunos usos y costumbres de las religiosas que dieron pie a detalles y anécdotas entrañables y generosas por parte del beato José Álvarez Benavides para con la casa. Entregar una limosna para obsequiar a las chicas el día de San José se convirtió pronto en una costumbre.
La precariedad económica ha sido una característica en la Congregación. El año de 1915 no debió ser buen año y el Sr. Benavides, que lo sabía, colaboró para remediarlo en cuanto pudo. La cría de animales fue un alivio  y complemento de la economía doméstica como algo normal en la Congregación. El 11 de enero de 1916 celebraron las Hermanas de Almería la matanza de tres cerdos: dos de ellos, de 8 y 9 arrobas fueron regalo del Sr. Benavides.
En el mes de julio de ese mismo año de 1916 se enteró de que era costumbre en el Instituto que la Superiora diera a cada Hermana 10 céntimos para el día de San Ignacio. Dijo que era muy poco y les dio lo que nunca hubieran soñado: una peseta a cada una. En más de una ocasión se prestó con sencillez y gozo a participar de las bromas que preparaba la comunidad el día 28 de diciembre.
El beato José Álvarez Benavides impuso la toquilla de postulante para la congregación a algunas candidatas; presidió ceremonias de primera profesión y de votos perpetuos; y acompañó los últimos momentos de las que el Señor fue llamando.
El segundo domingo de mayo de 1935, la casa se vistió de fiesta: el beato José Álvarez Benavides celebró la Misa en un nuevo altar y ante un nuevo retablo adornado con azucenas naturales y muchas luces.
El 13 de setiembre de 1936, mientras un grupo de Religiosas de María Inmaculada de la comunidad de Almería sufrían prisión por el solo hecho de ser religiosas, uno de sus mayores bienhechores, D. José Álvarez Benavides, Deán de la Catedral, era fusilado en el Pozo de Cantavieja, por el solo hecho de ser sacerdote. Porque lo era y porque su amor era más grande que el odio de sus verdugos, D. José Álvarez Benavides murió perdonando, siguió velando por sus pobres desde la otra rivera y hoy, 25 de marzo de 2017, nos alegramos porque la Iglesia, reconociéndolo públicamente como mártir de su fe inquebrantable en Jesucristo, lo ha proclamado beato.

viernes, 13 de enero de 2017

Un día como hoy... 13 de enero

1857, Don José María López y Jiménez, padre de santa Vicenta María, fue nombrado Juez de paz del Distrito Municipal de Cascante.

1899, El Cardenal Vanutelli, firmó la aprobación y confirmación de nuestra Congregación de Religiosas de María Inmaculada tal y como había decretado cuatro días antes de Su Santidad, el Papa León XIII:

Nuestro Santísimo Padre León, por la divina Providencia Papa XIII en el mes de Abril del año 1888, se dingó honrar con un testimonio amplísimo de alabanza el Instituto llamdo de Hermanas de María Inmaculada para el Servicio Doméstico, que fue fundado en Madrid (España), cerca de veintitrés años antes. El fin o blanco que se proponen las dichas Hermanas consiste en procurar ellas, en primer lugar, su propia santificación, según conviene, y en procurar con todas sus fuerzas formar, proteger y librar de los lazos de la corrupción a las jóvenes o mujeres que se ven obligadas, por falta de recursos, a servir en casas particulares.
Todas usan el mismo hábito y se sustentan del mismo alimento bajo el regimen de la Superiora General; y cumplido su noviciado hacen los tres votos simples de pobreza, obediencia y castidad, primero por cierto tiempo, después perpetuos. Con cuánta razón y buenos auspicios se haya dado el mencionado testimonio de alabanza, lo ha comprobado con toda evidencia el feliz éxito. Desde entonces ha crecido, y no poco, el número de Hermanas; y lo que es más consolador aún, ha crecido también admirablemente la abundancia de los frutos que con trabajos de las mismas se han alcanzado para mayor gloria de Dios y salvación de las almas.
De aquí el que, no sólo los cinco venerables Obispos que se glorían de tener Casas del Instituto en sus diócesis, sino también otros muchos, entre los cuales el Emmo. y Rmo. Cardenal de la Santa Iglesia Romana, doctor D. Ciriaco Sancha y Hervás, Arzobispo de Valencia; Antonio Mª Cascajares y Azara, Arzobispo de Valladolid, y Salvador Casañas y Pagés, Obispo de Urgel, en letras anteriores no dudaron recomendar sobremanera a las dichas Hermanas, asegurando con toda certeza que manifiestamente eran dignas de mayores favores de la Sede Apostólica, y que había fundada esperanza de que estos favores servirían, no sólo para el tan deseado aumento del Instituto, sino también para la prosperidad de la Religión y del Estado.
Y como poco ha, la Superiora General ha suplicado humildemente al mismo Santísimo Padre se digne aprobar benignamente el Instituto y las Constituciones del mismo, de las cuales remitió un ejemplar, Su Santidad, miradas bien todas las cosas, y atendiendo principalmente a las letras comendaticias de los dichos Prelados, en la audiencia tenida ante el infrascrito Cardenal Prefecto de la sagrada Congregación de Obispos y Regulares, el día nueve de este mes aprobó y confirmó el referido Instituto como Congregación de votos simples, bajo el gobierno de la Superiora General, salva la jurisdicción del Ordinario, según la forma de los sagrados cánones y Constituciones apostólicas, según el tenor del presente decreto se aprueba y confirma, dilatando para tiempo más oportuno la aprobación de las Constituciones, acerca de las cuales mandó comunicar algunas advertencias.

Dado en Roma en la secretaría de la mencionada Congregación de Obispos y Regulares, el día 13 de Enero de 1899.- S. Cardenal Vannutelli, Prefecto.- A. Trombella, Secretario.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

FELIZ DÍA DE LA INMACULADA

M. María Cruz Gil regaló a la Congregación, en cada uno de los años de su gobierno como superiora general, una carta con motivo de la solemnidad de la Inmaculada. Sus sucesoras, con gozo por parte de todas las que componemos el Instituto, han mantenido fielmente la iniciativa. En los años anteriores, la Madre General acostumbraba dirigirse a todas con motivo de la Navidad.
Sin embargo fue M. María Teresa Orti, la primera que sintió «como necesidad de comunicarme con todas y cada una de V.V. C.C. para que en tan solemne fiesta el lazo que nos une dentro de nuestro amadísimo Instituto se estreche más y más pudiendo regocijarnos como si en él un solo corazón palpitase de amor y entusiasmo por la Stma. Virgen, nuestra Patrona y Madre amantísima, Madre que, en su inmenso amor por el Instituto ha querido darnos su nombre glorioso de un modo providencial que no deja duda de que Ella así lo ha querido».
La Madre escribía el 3 de diciembre de 1904, «al acercarse la fiesta de nuestra Purísima Madre en el año jubilar del Dogma de su Concepción Inmaculada». Con el paso del tiempo las instituciones crecen, se expanden y como insensiblemente se empieza a entibiar el calor del fervor primero… algo de eso pudo percibir M. María Teresa Orti cuando escribió a la Congregación la primera carta de la Inmaculada, haciendo a las Hermanas una doble llamada: a la vida y virtud de la observancia religiosa y al trabajo y celo apostólico. La Madre con meridiana claridad llama la atención sobre un aspecto primordial: «Esforcémonos pues, en trabajar con todas nuestras fuerzas y con una exactitud y fidelidad que den el valor que deseamos a todas nuestras acciones. El trabajo, su nombre lo indica, es trabajo y cuesta a la naturaleza doblegarse a él, pero sepámoslo bien claro, nuestro Instituto es de trabajo y abnegación y si queremos cumplir con nuestro deber, henos de abrazarnos estrechamente con el trabajo».
Y les infunde mucho ánimo convencida de que «si queremos podemos llevar el Instituto muy adelante con la gracia de Dios, que ésta no nos falta. Esforcémonos, pues, y cada cual en su puesto cumpla exactamente su cometido, que esta unión y orden son las ruedas, o mejor dicho, las alas que la han de hacer subir muy alto en la presencia de Dios para honra y gloria suya y de la Virgen Inmaculada».
Cuando han pasado más de ciento diez años, cuando casi todo ha cambiado tanto, se me antoja tremendamente válida y actual la invitación de M. María Teresa: «Seamos santas, Hermanas más, sean nuestras miras elevadas, pisemos continuamente nuestras miserias que ellas no han de faltarnos mientras estemos en el mundo. Fijémonos en las virtudes de nuestras Hermanas para amarlas y respetarlas, apartemos los ojos de sus defectos disimulándolos siempre y seamos verdaderas religiosas, verdaderas Esposas de Jesús e Hijas de su Inmaculada Madre».
Salvando todas las distancias, y casi con temor siento hoy los mismos deseos que rebosaron en el corazón de M. María Teresa Orti, y esto pido para mí y para cada una de las que formamos esta familia a la que el Señor nos trajo…
Muy feliz solemnidad de la Inmaculada 2016.
María Digna Díaz
RMI

Roma, 7 de diciembre de 2016



Nota.- El texto íntegro de la carta de M. María Teresa lo tenemos impreso en 100 Años de animación congregaciónal, tomo I, páginas 49-52.

viernes, 2 de diciembre de 2016

La devoción de las Religiosas de María Inmaculada a Cristo Rey

Vela de adoración ante el Santísimo la vigilia de Cristo Rey

Imagen conservada en Cascante
No es vanal que nos preguntemos, ¿por qué en la Congregación hacemos Vela nocturna a Cristo Rey?
Es obvio que esta costumbre no la establecieron ni Santa Vicenta María, ni M. María Teresa Orti, su sucesora en el gobierno del Instituto, al menos por una cuestión cronológica: ninguna de las dos alcanzó a conocer la fiesta de Cristo Rey, promulgada por el papa Pío XI, el 11 de diciembre de 1925, con la encíclica Quas primas. El Santo Padre quiso instituir la fiesta al conmemorar el XVI centenario del I Concilio Ecuménico de Nicea, que incluyó en el “Credo Apostólico” las palabras: …y su reino no tendrá fin. En su inicio la celebración se fijó en el domingo anterior a la solemnidad de todos los santos. En 1970, para destacar más el carácter cósmico y escatológico del reinado de Cristo, la fiesta se convirtió en la de Cristo "Rey del Universo" y se cambió su celebración al último domingo de año litúrgico, apuntando ya el tiempo de adviento en la perspectiva de la venida gloriosa del Señor.
Las primeras vigilias de oración que se hicieron en la Congregación tuvieron un carácter fundamentalmente reparador y se hacían en los días de carnaval, organizando turnos de religiosas, jóvenes internas y colegialas, durante toda la noche o durante todo el día, según las posibilidades y circunstancias[1].
La práctica de las vigilias de oración, para las Religiosas de María Inmaculada, en la noche que precede a las solemnidades del Sagrado Corazón de Jesús y de Cristo Rey, tuvo su origen en 1933 coincidiendo con el segundo Centenario de la Gran Promesa, en un momento en el que la fe y las prácticas religiosas se veían seriamente amenzadas[2].
En los años siguientes, hasta 1940, las dos solemnidades fueron precedidas de Hora Santa o Vela toda la noche, allí donde y cómo las circunstancias lo permitieron[3].
A partir de 1941, la costumbre quedó establecida de forma oficial y universal para toda la Congregación por un Rescripto de la Sagrada Congregación de Religiosos del 12 de agosto de ese mismo año, que autorizaba por vez primera y para un período de cinco años la Exposición del Santísimo durante toda la noche en las vigilias del Sagrado Corazón y de Cristo Rey[4].
La Devoción al Sagrado Corazón de Jesús ha formado parte irrenunciable de la identidad de generaciones de Religiosas de María Inmaculada, desde Santa Vicenta María: Actos de Consagración, Hora de Guardia, Triple Alianza, Apostolado de la Oración, triduos, novenas, primeros Viernes, entronización de imágenes, procesiones, estampas, cuadros, detentes, medallas… han alimentado, expresado y propagado esa devoción a lo ancho y largo de la Congregación.




[1] Valga como ejemplo que en Almería, en 1909, Los tres días de carnaval velaron por la noche al Santísimo [sin Exposición] por turno la Comunidad y las chicas. (I LDRMI-Almería 18r); en cambio en 1910, tuvieron Manifiesto todo el día, y el último día la Comunidad veló por la noche, en turnos de una hora y dos religiosas (Cf. I LDRMI-Almería 45v)
[2] El día 22 de junio de 1933, la Comunidad de Oviedo tiene su Primera Vela nocturna al Sagrado Corazón de Jesús, coincidiendo con el segundo Centenario de la Gran Promesa. (Cf. I LD-Oviedo 224-225). La cronista de Burgos anota: «Por mandado de N.R.M. Provincial se ha expuesto hoy el Santísimo (con permiso del Prelado) a las 8 de la noche para tenerlo toda ella como preparación a la hermosa fiesta de mañana y pedir grancias al S.C. de Jesús. Se han formado turnos de vela. A primera hora las chicas y las Madres y Hermanas delicadas. Después otras de 9 ½ a 11 ½, de 11 ½ a 1 ½ y así hasta la hora de la Misa de Comunidad que se ha celebrado con Manifiesto por decir el Sr. Capellán que se podía en este caso». (LD-Burgos 1932-1941, p. 21)
[3] En Octubre de 1940, en Burgos,  hubo Hora Santa la Víspera de Cristo Rey. (Cf. LD-Burgos 1932-1941, p. 176). En Barcelona el 28 de octubre de 1939, a las 10 de la noche quedó Expuesto el Santísimo y lo velaron durante toda la noche las Comunidad y las chicas distribuídas en dos turnos. (Cf. LD-Barcelona 1939-1943, p. 37).
[4] Rescripto n. 6082/41, Fdo. Card. Salotti, Protector. 12.09.1945: La Sagrada Congregación de Ritos prorroga por otros cinco años. Rescripto n. 65/945, Fdo. Card. Henricus Dante. 1951 4.08.1951: La Sagrada Congregación de Ritos prorroga por otros cinco años. Rescripto n. 150/951. 1956 18.02.1956: La Sagrada Congregación de Ritos prorroga por otros cinco años. Rescripto n. 20/956, 1961 25.03.1961: La Sagrada Congregación de Ritos prorroga por diez años. Rescripto n. 72/961, Fdo. Card. Henricus Dauxxi

jueves, 13 de octubre de 2016

Un día como hoy... 13 de octubre

1924: La participación de señoritas seglares en la misión apostólica propia del Instituto se iba extendiendo a lo largo y ancho de la geografía congregacional. Así, en el antiguo monasterio de santa Clara de la ciudad de Córdoba (España) donde una comunidad de Religiosas de María Inmaculada respondía con generosidad a la llamada del Señor y a las tareas que la Iglesia se le encomendaba, el 13 de octubre de 1924, tuvo lugar la inauguración de la “Asociación de los Ángeles Tutelares” con 18 señoritas. Tuvieron por la mañana comunión general en una Misa celebrada por el Director de la Asociación, P. José María Carretero SJ; después subieron a desayunar en Santa Clara, donde se preparó un bonito comedor. Por la tarde el P. Carretero les hizo una plática. A partir de este día tienen todos los segundos jueves de mes un día de retiro: por la mañana Misa de comunión general a las 8 ½ y meditación; por la tarde plática y preparación para la muerte.

martes, 12 de julio de 2016

Un día como hoy... 12 de julio

 Santa Vicenta María no había cumplido aún los 32 años de edad cuando un vómito de sangre puso el inequivocable sello de la tuberculosis en su vida… la naciente Congregación fundada por ella marchaba aún en primera y aquella era, humanamente hablando,  la peor noticia porque el mal no tenía cura. Ante esta «sentencia de muerte» se alarmaron sobremanera todos, menos la enferma. Cuando en el mes de junio hizo su experiencia anual de Ejercicios espirituales, escribió en sus notas personales: «Aunque con necesidad de reflexión, estoy resuelta Dios mío a tener vida corta, a lo demás con más facilidad me conformo. Yo no quiero en absoluto más que en todo se cumpla vuestra voluntad santísima».
Iglesia de El Molar
Los médicos se apresuraron a enviarla a Panticosa en el Pirinero aragonés y allá se fue desde Zaragoza, en agosto de 1879, por Jaca, Huesca y Tardienta. Llegado el verano de 1880, los médicos pretendieron que se repitiera el viaje, pero la Madre opuso toda su resistencia y ellos dejaron que ella les ganara el pulso, a una condición: tomar durante unos días las aguas sulfurosas de la Fuente del Toro en el Balneario de El Molar, al norte de la provincia de Madrid.
El lunes 12 de julio, a las tres y media de la tarde, salió de Madrid la Madre Fundadora con dos que ya habían ido allí el año anterior: H. Carmen López y H. Presentación Beamonte. Después de cinco horas de viaje, las recibió el sacristán y las acompañó a la casa de D. Eduardo de la Morena, en la calle Real, donde tenían a su disposición una sala grande con alcobas.
Parque del Balneario de la Fuente del Toro
El primer día de su estancia en El Molar se levantaron a las seis y se fueron a la iglesia  donde encontraron una Misa ya empezada y comulgaron «agarrándose – dice la Madre – a la costumbre que hay de comulgar el día que se sale y que se llega a algún punto».
Desde la iglesia fueron a la fuente donde las visitó el médico y diagnosticó la misma afección a los bronquios en las tres y les recetó, además del agua, inhalaciones mañana y tarde. 
Casa antigua en la calle Real (actual Correo)
Lo de las inhalaciones le sentó regular a Santa Vicenta María porque tenía muy poca fe en eso, porque le costaba cada una 2 rs., porque la boquilla de cristal le costaba 10 rs. y ya había comprado una en Panticosa, que al parecer se había quedado en Zaragoza. Por si acaso, avisa a Madrid que si la ven por allí se la manden con la diligencia, que el mayoral que sale a las tres y media de la tarde es de mucha confianza.
Después de diez días de tratamiento regresó Santa Vicenta María a Madrid.
Si el grano de trigo cae en la tierra y muere da mucho fruto...



El 12 de julio de 1910 se firmó el decreto de aprobación para la fundación de una casa en Oviedo... 

El 12 de julio de 1912, una Real Orden declaraba el carácter de Beneficencia de la Congregación... 



El 12 de junio de 1958, el Arzobispo de Milán, Monseñor Montini, futuro san Pablo VI, el mismo que años más tarde proclamaría la santidad de la Madre Fundadora, recibía en Milán a la Superiora Provincial con su Asistente y la Superiora de la casa de Roma, llamadas por él mismo para que vieran una casa en la que se pretendía una nueva fundación del Instituto.
Mientras tanto, en Burgos, la Madre General, María de la Redención Navas, que abrió puertas y ventanas a los cambios que traían la Iglesia y la sociedad del siglo XX, se reunía el 12 de julio de 1958 con todas las Superioras de la Provincia de María para un encuentro de formación con conferencias del P. Jesús Solano S.J.