miércoles, 13 de enero de 2016

Un día como hoy... 13 de enero

M. María Teresa Orti y Muñoz

 Una de las principales preocupaciones de M. María Teresa Orti desde que asumió el gobierno de la Congregación, fue la de obtener de la Santa Sede la aprobación del Instituto. Una intensa relación epistolar con Monseñor Santiago Della Chiesa, futuro Benedicto XV, a partir de marzo de 1897; la revisión de las Constituciones, el contacto con los Obispos, las consultas, los prolongados tiempos de oración personal o encomendada a las religiosas, su inquebrantable confianza en la divina providencia, su certeza de que la Virgen iba poniendo su mano en todo lo que tuviera que ver con la vida y la misión del Instituto, su inquebrantable empeño en buscar y actuar la mayor gloria de Dios en todo lo que emprendía, su incondicional fidelidad a la Iglesia... Todo contribuyó a obtener el mejor de los mejores resultados.

S.S. León XIII
Mientras en Roma, el día 9 de enero de 1899, el papa León XIII, reunido en audiencia con el Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación de Obispo y Regulares, aprobaba y confirmaba el Instituto como Congregación de votos simples; en Madrid, M. María Teresa preparaba un viaje a Andalucía para negociar nuevas fundaciones en Granada, Huelva y Málaga.

El día 13 de enero, la Madre General negociaba en Sevilla una posible fundación que le pedía el párroco de la Concepción de Huelva. El día 24, M. María Teresa viajó a Huelva para conocer personalmente las condiciones que se ofrecían para aquel proyecto, que nunca llegó a realizarse.

El mismo 13 de enero, en Roma, el Cardenal Vanutelli, Prefecto de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, firmó el Decreto mediante el cual, S.S. León XIII daba su aprobación definitiva a la Congregación.

M. María Teresa se detuvo en Andalucía hasta el 9 de febrero. Monseñor Santiago de la Chiesa tardó más de lo acostumbrado en responder a la felicitación navideña, lo hizo con fecha 20 de enero, justificando su retraso en el primer párrafo de su carta:

S.S. Benedicto XV
Reverenda Madre: Como sabía que de un día a otro iba a salir el anhelado decreto de aprobación de su Instituto, he dilatado en contestar a su atenta carta de felicitación. La manera mejor de hacerlo era de acompañarle lo que V. tanto deseaba, y en efecto, hoy me cabe la satisfacción de acompañarle el decreto de aprobación: ¡sea enhorabuena! y prepárense a pedir pronto la aprobación de las Constituciones.


El día 25, en Sevilla, recibió la M. General una de las mejores noticias de sus años de gobierno y ese mismo día se enviaron telefonemas a todas las demás casas. La alegría fue desbordante para todas y especiales las horas de adoración ante Jesús Sacramentado para agradecer tan singular favor.



viernes, 1 de enero de 2016

Un día como hoy... 1 enero

«Esta tarde se ha dado cristiana sepultura en el patio de San Millán de la sacramental de San Justo, al cadáver de sor Vicenta López Vicuña, fundadora del Asilo de sirvientes. = Han acompañado el cadáver hasta la última morada muchas asiladas, con velas encendidas, el clero de la parroquia y varias señoras de la aristocracia, rindiendo así un tributo de admiración a las altas virtudes de la finada. = Al carro fúnebre seguías unos cincuenta coches particulares.» Así daban la noticia del entierro de la Madre Fundadora, el 1 de enero de 1891, algunos periódicos de Madrid.
El 26 de diciembre de 2015, en la Casa Madre del Instituto, se clausuraron las efemérides con motivo del 125 aniversario de aquella muerte. Las Hermanas que vivían o viajaron hasta Madrid en 1890, tuvieron el consuelo de rezar junto al cadáver hasta el día de año nuevo; pero vivieron también la pena de no poder enterrarla en casa, porque la autorización no se ajustaba en todos sus términos a la solicitud. 
Isabel Cheix Martínez
Del concepto de santidad en el que todos tenían a la Madre Vicenta María nos hablan unos apuntes tomados a vuelapluma por la periodista Isabel Cheix, que pasó en Madrid unos días previos al fallecimiento. Como broche de estas celebraciones nos consuela conocer con tanto detalle lo que ocurrió en once de los dieciocho días que duró la agonía de santa Vicenta María.




[DÍA 10]
Hoy día 10 de Diciembre de 1890 se ha administrado el Sacramento de la Extremaunción a la R.M. Madre Vicenta María López y Vicuña fundadora de la Congregación de Religiosas de María Inmaculada.
Si esta solemne ceremonia reviste en todos los casos un carácter de triste gravedad por el ser último sacramento que la Iglesia confiere a sus hijos para alentarlos y fortificarlos en las postreras batallas, pocas veces con más razón que hoy, aflige profundamente los corazones de cuantos se interesan por la humildísima paciente enferma, pues si el sentimiento de la pérdida ha de estar en relación con el valor del objeto que se pierde, séanos permitido afirmar, que por grande que sea la pena difícilmente alcanzará al mérito de un tesoro que es en verdad irreparable.
Todavía sin embargo, anima el alma este cuerpo débil por los sufrimientos, pero lleno de la fortaleza que da Dios; todavía a pesar de los tristes pronósticos de la ciencia, esperan sus hijas y cuantos de veras la aman, un milagro de la Providencia convencidos que donde acaba la sabiduría humana empieza sin límites la misericordia divina; por eso al verla en la mañana de hoy, tranquila, risueña, con pleno conocimiento de su situación y tan conforme a la voluntad de Dios no sabemos qué admirar más en ella, si las relevantes virtudes que la adornan o el total desprendimiento de todo lo de la tierra, con que se ofrece a cumplir la voluntad del Señor.
Poco después de las seis de la mañana llegó el R.P. Isidro Hidalgo, Director de la Congregación que desde ayer tarde y en vista de los ardientes deseos de la enferma por recibir el último consuelo de la Religión, había anunciado se le administraría en las primeras horas de hoy: enseguida de llegar dijo Misa en el Oratorio, llevando en la Comunión de ella el pan de vida a la R. Madre y dándolo después a las Religiosas, que sólo por la fortaleza que El comunica pueden hallar resignación para el costoso sacrificio que el Señor les exige; terminados que fueron los augustos misterios el P. Hidalgo dirigió a la Comunidad y a las Colegialas una fervorosa plática en que, con la sabiduría y sencillez que le distingue, demostró cuan distintas son las disposiciones que para recibir el Sacramento de la Extremaunción tienen las personas que profesan vida religiosa a las del mundo, pues a las primeras consuela y a las segundas espanta: encareció los maravillosos efectos de gracias espirituales, que se reciben con el considerarlo como última dádiva del amor que nos profesa el Sagrado Corazón de Jesús y aceptándolo no como cercano presagio de la muerte, sino como medicina para el cuerpo y mucho más para el alma y terminó presentando por modelo, la paz y alegría interior en que la R. Madre iba a recibirle a fin de que todas las que escuchaban, cuando se considerasen en verdadero peligro de muerte le pidiesen para evitar que, el falso celo de unos o el amor mal entendido de las familias, les privasen de este poderoso auxilio en la hora postrera, consintiendo sólo que le apliquen cuando el paciente, ni ve, ni oye, ni comprende las gracias de que le privan.
Poco antes de concluir el P. Hidalgo, había llegado el Sr. [D. José Pascual] Capellán de la Comunidad y apenas terminada la plática revestido de sobrepelliz se dispuso a acompañar al P. Hidalgo en la aplicación del Sacramento, presenciando, así Colegialas como cuantas nos hallábamos en el oratorio, una escena verdaderamente conmovedora.
En el frente de una vasta cámara, severa y sencillamente decorada, estaba el lecho de la R. Madre sirviéndole de fondo una colgadura de seda roja: sentada en él, cubierta con un velo y animado el rostro en que parecían brillar los colores de la salud y era sólo el reflejo de amor a Dios que la inflama, se hallaba la santa enfermita; a su derecha la Madre Superiora y la Madre Consiliaria, y en los dos lados de la habitación arrodilladas y con velas encendidas las Religiosas, Novicias, Postulantes y Coadjutoras.
A la puerta del Oratorio se agolpaban algunas amigas y las jóvenes Colegialas tan sinceramente conmovidas todas, que es difícil puedan olvidar nunca lo que hoy se ha presenciado. ¡Sublime lección de cristiana fortaleza!, ¿quién puede fielmente describirte? No con el terror que da la certeza del próximo fin, sino con la dulce tranquilidad del que espera dormirse a la vida, para despertar en el gozo del Señor, ha recibido la R. Madre las solemnes y misteriosas ceremonias de la Extremaunción: su rostro de niña, embellecido por el fervor, encantaba a cuantos tenían la dicha de contemplarla; verdaderamente si la pena, como antes decíamos, ha de estar en relación al valor del objeto que se pierde, esta es una pena sin peso, ni medida.
Muchas lágrimas han corrido, pero no atropelladas como las del dolor que ni espera, ni cree, sino deslizándose sin sentir por las mejillas, como hijas suaves de la resignación cristiana; así el pesar de los corazones, grande pero mucho, no ha turbado ni un momento la dulce paz de la venerable y querida enferma.
A pesar de todo mientras hay un hálito de vida, la esperanza reaparece en las almas y cuesta mucho desprenderla de ella. ¿No invocamos al mismo cuyo inmenso poder curó al Paralítico, sanó a los leprosos y resucitó a la hija de Jairo? ¿Por qué no ha de escuchar las súplicas que se le dirigen por esta criatura tan joven todavía y tan llena de encendidos deseos por la gloria de su Padre celestial?

DÍA 11
El día ha sido muy penoso para la enferma, gran calentura que llega en su período álgido a 39 grados y 7 décimas, continuas fatigas que a veces amenazan con asfixia completa y en medio de todo este sufrimiento verdaderamente horrible, completa lucidez de inteligencia, inalterable paz y hasta dulce alegría con rasgos de agudeza de ingenio, asombrosos en tal situación.
Animándola su piadoso Director llego a decirle que para que el milagro por intercesión de S. José fuese más visible había de estar en la agonía y recobrar la salud. A lo que contestó con tanta viveza como gracia: "¡Ay! ¿y he de padecer dos agonías yo que tanto temo a una?"
Por la tarde vino el P. Hidalgo, rezó la novena que se está haciendo a la Inmaculada, con el Sagrario abierto y después de un precioso acto de consagración al Sagrado Corazón de Jesús dio la bendición con el Santísimo a la enferma.- "No hay monja más feliz que yo", decía con santa alegría, "¡cómo me paga Ntro. Señor lo poco que padezco!"
El principio de la noche fue muy angustioso, aumentaban las fatigas, érale imposible acostarse y la calentura no cedía; a la una menos cuarto vino el facultativo Dr. Mariani, que previamente había anunciado su visita, "no porque fuese necesaria, sino porque de aquí a mañana faltaban muchas horas", dijo, pues la delicadeza de la R. Madre es tanta que no quiere por nada que se molesten a causa de ella. Vino y como interesadísimo en aliviar los progresos de la enfermedad, que es su constante preocupación hace muchos meses, le dispuso algunas medicinas y le encargó procurase echarse a ver si descansaba, pero al primer ensayo fue tal el peligro de quedar asfixiada, que el mismo médico la levantó apresuradamente, tomó una cucharada de medicamento y un rato después de retirarse Mariani pudo echarse y dormir algunas horas, cuyo descanso le prodigó un ligero alivio en las primeras horas del día.

DÍA 12
La mañana con intervalos tranquilos, pero después de medio día, aumenta la gravedad.
El P. Hidalgo ha querido hacerle esta tarde la recomendación del alma y en efecto después de la novena y la bendición con el Santísimo dirigiéndose desde el altar primero a la enferma y después a la Comunidad y personas reunidas en el oratorio, revestido de sobrepelliz y estola morada, y acompañado del Presbítero D. Antonio Flores se aproximaron al lecho de la enferma y leyendo las preces marcadas en el Ritual para este caso. Con la tranquilidad y alegría del justo y sonriendo dulcemente ha escuchado la R. Madre las oraciones que hacían enternecer y derramar lágrimas a cuantos las escuchaban ¡tan cierto es que no es morir, sino pasar del destierro de la vida al gozo eterno del Señor, acabar la existencia animada por la fe, llena de esperanza, abrasada en el amor de Dios, fortalecida con cuantos perdones e Indulgencias concede la Iglesia nuestra Madre a las almas como la suya, bendecida repetidas veces por el Sagrado Corazón de Jesús en el misterio adorable de su amor, aspirando el perfume de incienso que se quema en honor del Santo de los Santos y escuchando como divinas melodías los cantos verdaderamente de ángeles con que alaban sus hijas a la Virgen Inmaculada, Protectora amante de esta Congregación.
La noche sin embargo se presenta cruel por los repetidos accesos de todos, semejantes a los golpes del martillo en el yunque, sufrimientos de esta enfermedad, para la cual no tiene la ciencia humana remedio alguno, no ya que la cure radicalmente sino siquiera que pudiera adormecer sus martirios. ¡Que Dios vuelva sus ojos misericordiosos a su humilde y paciente sierva que tan de veras ha procurado su gloria! y le conceda algún descanso en las eternas horas de esta noche de invierno.
A las ocho de la mañana de hoy ha llegado la Superiora de Zaragoza, esta noche llega la de Sevilla, y mañana a primera hora la de Burgos. Ni lo riguroso del tiempo, ni las distancias, ni las delicadezas propias, ninguno detienen a estas atletas de la caridad y el amor, todas se apresuran a rodear el lecho donde agoniza su amada Madre, todas quieren imprimir en sus almas algo de esta vida que se evapora, para continuar la obra que ella fundó, realizó y perfeccionó.

DÍA 13
La noche penosísima, con accesos de asfixia casi continuos; por la mañana, poco después de las cinco, dijo Misa el P. Hidalgo le administró la sagrada Comunión y después hizo un fervoroso acto de consagración y petición al Sagrado Corazón de Jesús, dando también la bendición con el Smo. a la enferma, entonces relativamente tranquila.
El día ha pasado sin alternativas distintas, pero todas alarmantes.
Por la tarde continuó la novena de la Inmaculada que hizo el P. Hidalgo con el Sagrario abierto, volviendo después a hacer nuevo acto de consagración y petición al Sagrado Corazón de Jesús: concluido todo acompañó algún rato a la enferma y se retiró recomendando que le llamasen inmediatamente, si aumentaba la gravedad.
A las 9 de la noche llegaron de Sevilla M. Asunción, superiora de la casa de Sevilla, con M. Mª Josefa Orti, que se había levantado de la cama el día antes para tomar el tren mixto en el cual llegaron con el cansancio consiguiente, aumentado con las crueles angustias de aquel terno día y el temor y la incertidumbre de hallar cadáver a la que venían a buscar. No quiso Dios que tuviesen esta pena y la misma R. Madre (entonces un poco animada) las recibió y abrazó con la dulzura y alegría inalterables que manifiesta aún en medio de los mayores tormentos. También ha hecho Ntro. Señor que, cuando se creía que Madre Orti hubiera de tener que rendirse en cama por su anterior padecimiento y precipitado viaje, ha mejorado y no sólo puede satisfacer su anhelo de acompañar cuanto le es posible a la enferma, sino que está capaz de cumplir todos los actos de comunidad.

DÍA 14
La noche penosa, sin embargo ha podido recibir en la Misa la sagrada Comunión. Ha vuelto a hacerse el acto de consagración y petición por el P. Hidalgo; todos los días comulga entera la Comunidad ¡ojalá quiera el cielo aceptar en favor de la R. Madre las súplicas que se le dirigen!
A las 8 de la mañana ha llegado la Superiora de Burgos M. Ana María, hermana de la Madre Asunción, todas están ya en su puesto y esperando resignadas el cumplimiento de la voluntad divina.
El día ha sido muy fatigoso para la enferma, a consecuencia quizás de que ayer sábado recibió la visita del Sr. Obispo y la de un tío suyo el Sr. Conde de Vigo que, para asuntos de sumo interés y previa licencia del Prelado, tuvo también que hablarle. Como, a pesar de las fuertes calenturas que suben en ocasiones a cerca de cuarenta y dos grados, tiene firme la cabeza y la inteligencia tan clara que está en todo, se ocupa de negocios importantes y pone las firmas que son necesarias como si se hallase perfectamente buena.
A ratos sin embargo las fatigas son tan crueles que parece acaban con ella. ¿Cómo puede resistirlos una naturaleza tan destruida? Muestras son de la omnipotencia divina que no podemos nunca alcanzar.
Por la tarde la novena que antes era con música ha sido rezada volviendo el P. Hidalgo a hacer distinto acto de Consagración y petición al Sagrado Corazón de Jesús.

DÍA 15
La R. Madre ha pasado la noche tan tranquila, que puede decirse ha disfrutado de sueño toda ella; ha comulgado como de costumbre, haciéndose después las súplicas como los días anteriores, después de las nueve ha empeorado tanto que parece por momentos faltarle aire que respirar.
La calentura sube y baja de un modo horrible, día hay que sufre tres recargos, faltándole sólo en los períodos álgidos una décima para los cuarenta grados. No pierde sin embargo el sentido, ni la serenidad, cuando puede hablar sólo dice que la misericordia del Señor con ella es infinita, que su enfermedad parece mucho y no es nada, porque menos no se puede sufrir; que, qué es ella para compararlo con lo que pasó el Señor en la Cruz; tales son sus pensamientos que endulzan la agonía de un alma tan justa como la suya.
Por la tarde ha concluido la novena de la Inmaculada, la R. Madre había dicho que abrigaba la esperanza de que ya que no la había llevado la Sma. Virgen en su día, la llevara en su octava, pero ésta terminó y si bien no hay esperanzas de alivio, la enfermedad continúa como estaba. También hoy se ha hecho el acto de consagración y recibido la enferma la bendición con el Smo. de manos del P. Hidalgo.

DÍA 16
La noche mala, la tos muy pertinaz y en ella con frecuencia esputos de sangre: los ataques de asfixia son más continuos; como de costumbre y reanimada milagrosamente, ha recibido la sagrada Comunión y presenciado el acto de consagración y súplica, nuevo cada día, que el incansable P. Hidalgo dirige al Sagrado Corazón de Jesús.
Durante el día ha continuado mal y, sin embargo, en los breves ratos que se lo permite el rigor de sus padecimientos, habla, anima y conforta a las que la rodean, manifestando sus deseos de descansar en la gloria, ni una queja se le ha oído de la cruel enfermedad, antes le parece poco todo lo que sufre.
Esta tarde por deseo de la M. Asunción se ha empezado un triduo a San José: la enferma continúa muy fatigada y parece prepararse una noche penosísima.
En previsión de lo que pueda suceder hace dos días se queda en la casa para asistirla en los últimos momentos, el modesto y virtuosos sacerdote Sr. D. José Pascual de quien vamos a permitirnos decir algunas palabras.
El Padre José como le llaman afectuosamente cuantos le tratan, fue antiguo y buen amigo del Señor D. Manuel Riega, esposo de Dª Mª Eulalia Vicuña inolvidables fundadores de esta benéfica casa: su iniciativa y apoyo orilló muchas dificultades y unido al pensamiento que lentamente se desarrollaba, protegiéndole en cuanto estaba de su parte, aunque por su humildad, escondido siempre en último término, ha sido uno de los más decididos bienhechores de la Congregación. Todo lo de esta fundación lo considera como cosa propia, por lo tanto hállase siempre dispuesto a confesar, director de los ejercicios (que los días festivos hacen a las acogidas) y cuanto pueden necesitar de él. Tiene entre las Colegialas confesadas que desde la fundación de la casa han sido dirigidas por él, excelentes esposas y madres de familia, que después de la gracia divina a él deben las virtudes que sencillamente practican.
Con tales circunstancias y la de conocer y tratar a la R. Madre desde que era niña, puede considerarse la adhesión que le profesa y el sincero dolor que sufre en estos momentos, que ve apagarse como una luz la vida de la ínclita fundadora.

DÍA 17
Seguramente será inolvidable para cuantos quieren de corazón a la santa enfermita. La noche fue regular, por la mañana pudo como en todas comulgar con sus hijas, pero a las doce empezó una gravedad tal que cerca de las dos la alarma era grandísima: hubo momentos en que se creyó todo concluido y estallaron sollozos a la vez que se derramaban lágrimas amarguísimas. En tanto la R. Madre reclinada en una pila de almohadas, dilatados sus ojos por la asfixia y casi amoratado el rostro sostenía una lucha horrible entre la vida y la muerte. Hallábase el P. Hidalgo a su lado y entretanto se hizo el Via-Crucis en la Capilla por la colegialas y después se rezó la corona dolorosa en el oratorio; por fin calmó un poco tan cruel estado y precisamente llegaron entonces con un papel de interés que debía firmar la enferma, la cual sobreponiéndose al padecimiento, con admirable presencia de ánimo, firmó el escrito con la misma seguridad de pulso que si estuviera buena. Continuó a ratos fatigadísima, hízose el triduo por la noche y contra toda esperanza la ha pasado relativamente tranquila.

DÍA 18
Los breves descansos de la noche son destruidos por las angustias del día. La tos por la mañana era poca antes de comulgar, después de recibir la bendición con el Smo., se adormeció descansando un rato, pero luego volvieron las fatigas con nueva intensidad.
Tiene hasta tres recargos diarios en la calentura, uno por la mañana, otro por la tarde y otro a las altas horas de la noche. En la madrugada de ayer decía a M. Asunción (tan bajo pues apenas tiene voz que mas bien se le adivinaba que se la oía) tenía cuarenta grados y décima y ½ de calentura: "Si continúa la calentura subiendo no llego ni a las cinco de la mañana". Bajó sin embargo rápidamente como había subido para tornar a crecer pocas horas más tarde. También decía anteayer a una hermana: "Hª Adelaida mi vida están en un hilo, pero en un hilo".
Se ha hecho el segundo día de triduo. ¡Quiera el Señor si no devolverle la salud darle fortaleza en la batalla que sostiene y dulcificar sus angustias!

DÍA 19
Cerca de las siete dijo Misa el P. Hidalgo, (que en los días anteriores ha venido poco después de las cinco) no hubo bendición con el Smo. ni dijo el acto de consagración al Sagrado Corazón de Jesús: dio la S. Comunión a la enferma y Comunidad y acompañó hasta después de las ocho a la R. Madre. Mucho consuelan estas visitas y las exhortaciones de tan sabio y prudente director a la enferma, bien que es la grandeza inmensa de alma con que resiste los padecimientos y la ardentísima fe y amor de Dios que consume su puro corazón. Ella misma dijo ayer a su médico que apenas veía, con una tranquilidad admirable, tan cierto es que se halla hace más de once días agonizando en la cruz!
Esta noche se ha empezado un triduo el 1er día dedicado a San José como día 19 que es, mañana sábado a la Sma. Virgen y el domingo al S. Corazón de Jesús. El P. José dio la bendición con el Smo. a la R. Madre después de rezar el rosario y las oraciones del triduo.
Las alternativas no son tan buenas, efecto según creo de la progresiva pérdida de fuerzas: es una lámpara que va consumiendo hasta la última gota de aceite.

DÍA 20
La noche relativamente tranquila; tendida por decirlo así en el lecho; dormida o rendida al letargo de la calentura: cada mañana que se le lleva la S. Comunión es un nuevo motivo de admirar que haya podido salir de la noche. También ha dicho Misa el P. Hidalgo cerca de las siete haciendo después de ella el acto de consagración y petición al S. Corazón de Jesús y dando la bendición con el adorable Sacramento.

El abatimiento y postración aumentan y como consecuencia las esperanzas disminuyen.

Durante seis días, religiosas, jóvenes, bienhechores y amigos velaron los restos mortales de santa Vicenta María López y Vicuña

lunes, 7 de diciembre de 2015

Un día como hoy... 8 de diciembre

  

Inmaculada Concepción.
Iglesia de San Andrés. Madrid.
Nos cuenta el P. Isidro Hidalgo en la biografía de la Madre Fundadora, que "Era el 8 de Diciembre de 1853 y cuando la luz de la aurora empezaba á oscurecer la de los faroles de la iluminación pública, todavía encendidos, penetraba [María Eulalia Vicuña] en el templo de San Andrés de esta Corte y se colocaba reverentemente ante la imagen de la Virgen Inmaculada para saludarla con la ternura de fiel y amante hija, la iniciadora no de una sino de más obras de caridad que habían de dar mucha gloria a la Reina de los cielos, en  el misterio de aquel día, á quien consagraba ella sus primeros pasos, para ofrecerle después sus numerosas conquistas. Allí permaneció algún tiempo orando con recogimiento y suplicando confiada la gracia que tan hondamente había penetrado su caritativo corazón; allí, como buena española, ansiaba un medio perenne con que a lo menos durante los días de su vida pudiera dar la gloria posible al misterio de la Concepción Inmaculada. Allí pedía luces y gracias para perpetuar esta obra que fuera digna de su Madre y Señora, y correspondiente a los deseos de su alma: allí recibió fervorosa y devota el pan de los fuertes; allí oyó una y otra vez el santo sacrificio de la Misa, y de allí salió recogida toda en el amor de su Dios y de su Madre Inmaculada en busca del asilo en que debían recogerse las primeras jóvenes que extraviadas del camino de su salvación quisieran volver a Dios por medio de una conversión sincera, a las cuales consagraba ella desde entonces sus bienes, sus trabajos y afanes y hasta su misma vida, porque sentía en el alma la ruina de aquellas desgraciadas; por que las tenía muy en su corazón; porque las amaba muy de veras.

Salió, pues, llena de Dios, llevaba penetrado su bondadoso corazón de estos sentimientos de caridad para con sus favorecidas futuras, y yendo conducida como de la mano de su Santísima Madre ¡Cómo no había de encontrar llanos los caminos y vencidas las dificultades todas! Sin darse apenas cuenta de lo que entonces hacía, cómo repetía ella muchas veces después con la sencillez y humildad que tanto la ennoblecía; sin parar al parecer en aquello que buscaba, halló la cuna donde debían criarse para Dios las primicias de aquellas almas que sin ella hubieran caminado ciegas a su perdición eterna. En la calle del Luciente se hallaba, cuando oyó en su interior una voz que le decía: "Esa habitación que ves desocupada, es la destinada para el ensayo de tu santa empresa y en su pequeñez representa los anchurosos edificios que bien pronto se levantarán en España, donde vivirán para Dios muchas jóvenes convertidas de corazón a El".

lunes, 30 de noviembre de 2015

Un día como hoy... 30 de noviembre

1854: Antes de que la casa de acogidas para jóvenes sirvientas en Madrid celebrara su primer aniversario, el 30 de noviembre, fiesta de San Andrés, se establecía en el que era ya su tercer domicilio, porque los hermanos Vicuña no dejaban piedra por remover para ofrecer las mejores condiciones a las jóvenes que salían el hospital o se encontraban sin trabajo. Ese día se establecieron en una casa sin vecindad de la calle del Humilladero, con un jardincito y agua para poder lavar.


1877: En la madrileña calle de la Bola, muerte doña María Eulalia Vicuña y García, viuda de Riega, fundadora, con su hermano Manuel María, del Asilo para jóvenes huérfanas y sirvientas en Madrid, tía de santa Vicenta María lópez y Vicuña.


1890: La vida de la Madre Fundadora, se apaga por momentos, pero su obra va adelante con paso firme. En Barcelona se está construyendo una casa de nueva planta que costea la sierva de Dios doña Dorotea de Chopitea, según un plano diseñado por santa Vicenta María. El dia 30 de noviembre, fiesta de San Andrés, don Manuel Marqués y Puig se hizo cargo de un entrañable acto de un "entierro de las medallas" en los cimientos de aquella construcción y levantó acta de lo ocurrido:

«Era intención de la Rda. M. Isabel Méndez y Casariego, Superiora del Colegio y Comunidad de María Inmaculada en esta Capital el colocar personalmente estas medallas y rezar la oración que las acompaña dentro del frasco; pero a causa de la grave enfermedad que aqueja a la Rda. M. General Fundadora de la Congregación, Dña. Vicenta López y Vicuña, se hallan a su lado en Madrid, dicha Madre superiora y la Madre Mª Eulalia, por cuyo motivo los abajos firmantes, mirando su fe rezan dicha oración en su nombre y por su encargo.
A la misma hora, 8 y media de la mañana en los colegios de Madrid y Barcelona, cuando menos, se reza la propia oración uniéndoseles también con la misma oración y en la propia intención Don Ignacio Verdós, residente actualmente en Burgos, que había sido junto con los firmantes enterrador de las tres medallas que se colocaron anteriormente en el terreno con la súplica de que la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por la intercesión de la Trinidad de la tierra: el Sagrado Corazón de Jesús, la Inmaculada Virgen Santísima y el Glorioso San José, de quienes fueron las medallas enterradas y que tan pronto y feliz resultado dieron proporcionando dentro de poco tiempo el que se pudiera construir este edificio que se principio en septiembre p. pdo.
Se rezan tres padrenuestros y sus avemarías en acción de gracias y en súplica de que sean atentidas las peticiones que contienen la anterior oración.
Y para que conste firman la presente en Barcelona a 30 de noviembre de 1890»

martes, 24 de noviembre de 2015

Un día como hoy... 24 de noviembre

Parece un capricho del calendario… pero el 24 de noviembre marca, en la vida de santa Vicenta María un viaje de ida y vuelta a Cascante a veintiseis años de distancia entre la salida y el regreso.

Santa Vicenta María López y Vicuña
1857: Tras largas negociaciones entre sus padres y tíos, deciden llevar la niña a Madrid con el fin de proporcionarle la más esmerada y completa educación. Salió de su casa, a los diez años de edad, acompañada de su padre el día 24 de noviembre. En el corazón de don José María López luchaban el deseo de ofrecerle todo a su única hija y el silencio que su ausencia iba a imponer en el hogar, porque era Vicenta Maía una niña dicharachera, alegre y cariñosa. Doña María Nicolasa ahogó sus lágrimas como pudo y confió en que su hermana educaría a su hija “para santa”. La casa se hizo enorme con la ausencia del esposo y de la niña. La correspondencia casi diaria con Madrid y las buenas noticias del progreso en los estudios de la pequeñas aliviaban algo de pena de la ausencia. Poco podía imaginar doña María Nicolasa que un silencio aún mayor invadiría su hogar en Cascante, otro 24 de noviembre.


Doña María Nicolasa Vicuña
1883: En Cascante, en el hogar de los Vicuña, el aire se hace plomizo, con ese extrano peso que trae el dolor cuando la enfermedad, en lugar de señales de recuperación anuncia despedidas de  muerte. La enferma es doña María Nicolasa, a don José María le falta suelo donde apoyar sus pies. Han avisado a Madrid de la gravedad de la enferma, y santa Vicenta María se pone en camino. El día 23 ofrecieron el santo Viático a la enferma, pero en su corazón pudo más el instinto materno y decidió esperar al día siguiente para que pudiera estar presente su hija. Quienes la acompañaban comprendieron que aquel cuerpo se rendía por momentos y tal vez no tendría fuerzas para resistir a la muerte tantas horas, y doña María Nicolasa cedió ante la insistencia. El viaje para santa Vicenta María se hizo eterno y la noche interminable. El tren de Madrid parecía no querer llegar nunca a Casetas donde hizo trasbordo para llegar por la mañana a Tudela. A las cuatro de la mañana doña María Nicolasa expiró estrechando entre sus manos unas estampas de la Virgen y del Sagrado Corazón que su hija le había enviado unos días antes. En el tren, santa Vicenta María, velaba y rezaba junto a M. María de la Asunción Carrera que la acompañaba. En la estación de Tudela las esperaban su tío Genaro y Pedro, el fiel criado de sus padres. La prudencia les sirvió de poco, porque en cuanto se encontraron las miradas de santa Vicenta María y su tío entendió ella lo que él intentaba aliviar. Sobre el silencio, las lágrimas y el dolor que inundaron el hogar de los Vicuña el 24 de noviembre de 1883, se derramaba desde el cielo la gracia de intercesión de doña María Nicolasa Vicuña que contemplaba ya a Dios cara a cara.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Un día como hoy... 16 de noviembre

1889: La salud de la santa Vicenta María se deterioraba por momentos… la proximidad de la muerte se hacía cada día más evidente… el deseo de las Hermanas de poder dejar su imagen a las generaciones venideras chocaba con la negativa de la Madre a dejarse fotografiar. En Barcelona, M. María Isabel Médez y M. María Eulalia Sánchez, urdieron un engaño con la colaboración del médico de la casa, Dr. Ignacio Verdós, y obtuvieron unos retratos que la M. Fundadora denominó como “los enmatonados”.





Fallado el intento, convencieron al P. Hidalgo para que la obligara a posar ante un fotógrafo profesional y, el día 27 del mismo mes, le sacaron cuatro fotografías en nuestra misma casa de Barcelona.




1897: M. María de la Concepción Marqués cursa una solicitud al Ministro de Gobernación para solicitar el traslado del cuerpo de Doña María Eulalia Vicuña García desde el Cementerio del Sur [Puerta de Toledo, sepultura nº 103 del Patio de la Soledad, donde se encontraba, al panteón de este Convento sito en la calle de Fuencarral nº 113. Por motivos que desconocemos, el traslado se realizó después de 65 años, el 31 de mayo de 1963.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Un día como hoy... 7 de noviembre



1876: Santa Vicenta María escribió al Arzobispo de Zaragoza, D. Manuel García Gil, poniéndose a sus órdenes para la fundación en aquella ciudad. Al día siguiente supo que el Arzobispo había leído ya las Constituciones y que despa­charía el asunto favorablemente.

7 de Noviembre de ‘76
Exmo. Sr. Arzobispo de Zaragoza
Muy venerado Prelado y Padre nuestro:
Ruego á V.E.I. me dispense la libertad que me tomo en ocupar su atención.
Por el Sr. D. Antonio Cascajares he sabido con mucho gusto que V.E.I. ha regresado de la Sta. Visita el día 25. V.E.I. me perdonará la confianza que me tomo en felicitarle por lo que el Señor ha bendecido su celo en darle fuerzas para hacerla tan larga y al mismo tiempo le hago presente que estoy con mis Hermanas esperando órdenes de V.E.I. en todo lo que guste disponer de nosotras muy particularmente en lo relativo á la instalación del asilo de esa Ciudad de María Santísima, con cuya ayuda debemos esperar hacer mucho bien á las pobres jóvenes que se dedican a servir.
Todas las Hermanas de este Instituto se ofrecen de nuevo á V.E.I. y quedan esperando su santa y pastoral bendición y con mayor anhelo esta su servª é indigna hija

Sor Vicenta María López


La ciudad de Zaragoza que conoció Santa Vicenta María