lunes, 15 de diciembre de 2025

Un día como hoy llegó la luz eléctrica

 

Entre los avisos que la Madre Fundadora daba a la comunidad de la Casa Madre hay uno que ahora, cuando menos, nos arranca una sonrisa: «No encenderán los fósforos en el suelo» .

Para entender esa advertencia es buenos recordar que los primeros pasos de la industria eléctrica española tuvieron lugar en Barcelona en el año 1875, con la construcción de la primera central eléctrica para la iluminación de algunos establecimientos y talleres.

El 23 de enero de 1878, para celebrar la boda de Alfonso XII con su prima María de las Mercedes, lucieron en la Puerta del Sol las primeras luces eléctricas de la ciudad a través de faroles con arcos voltaicos. Desde entonces las lámparas eléctricas compartieron con el gas la iluminación, y aunque la luz eléctrica empezó a utilizarse para la iluminación pública en el año 1881, no llegaría a instalarse completamente en Madrid hasta bien avanzado el siglo XX.

Una Real Orden de 1888 prohibió el alumbrado por gas y velas no protegidas por farolas en los teatros de la ciudad. Los contratos de electricidad se multiplican y la respuesta empresarial se hace urgente. En 1889 se crea la Compañía General Madrileña de Electricidad, que convive con la Compañía Inglesa de Electricidad. Antecesores todos ellos de las grandes compañías eléctricas españolas actuales.

En el año 1901 en España existían 861 centrales con una potencia total de 127.940HP (caballos de vapor). De la cifra total de centrales, 648 dedicaban su producción al servicio público y 213 a usos particulares.

Una de esas centrales era la “Sociedad de Electricidad de Chamberí” con la que se firmó un contrato  para el alumbrado de la Casa Madre con un total de 134 lámparas. Esa decisión anuló en Madrid el 15 de diciembre de 1900 la llamada de atención acerca del encendido de los fósforos. El primer edificio que inauguramos en la Congregación con interruptores para encender y apagar las luces fue la “Casa de Nazaret” construída para las chicas de la Casa Madre en la calle de San Andrés, para la que se firmó un nuevo contrato de 63 lámparas, el 26 de noviembre de 1901. A partir de entonces bastó un giro de noventa grados en un interrumptor colocado en la pared para iluminar una habitación de una forma que a no pocas se les antojaría casi milagrosa.



lunes, 8 de diciembre de 2025

150 años... 1875-2025, 8 de diciembre

 


Por lo general suele festejarse la colocación de la primera piedra en el proyecto de construcción de una edificio pero cuando la obra se ha concluído la admiración y el interés va al conjunto: a su aspecto, decoración, funcionalidad… nadie va a reparar en una piedra que ha quedado oculta e ignorada en los cimientos y sin embargo la magnificencia de la obra no hubiera sido posible sin aquella piedra oculta a los ojos y al reconomiento de propios y extraños… Hoy se cumplen 150 años de un pequeño gran acontemiento que se vivió en el mismo escenario en el que seis meses más tarde nació nuestra Congregación de Religiosas de María Inmaculada… en el piso segundo del número ocho de la madrileña plaza de San Miguel… Doña María Eulalia Vicuña, Vicenta María López, doña Emerenciana de la Riva, doña Patrocinio Pazos y doña María Concepción Fernández de los Ríos «empezaran a observar el día 8 de Diciembre de 1875, dando al nuevo Instituto el nombre de Hermanas del servicio doméstico. La organización que las reglas y Constituciones daban a dichas señoras, era como de una Congregación religiosa, empezando a vivir todas en esta clase de vida con gran contento de sus almas, y mayor provecho que hasta entonces, de sus protegidas.» (I. Hidalgo SJ, Memoria presentada al Congreso Católico, Madrid 1889). De aquellas cinco sólo tres vistieron el hábito religioso y solamente una, la Madre Fundadora, terminó sus días como miembro del Instituto.

El inicio de la observancia de las Constituciones se hizo en la más absoluta sencillez, el relato más largo que conservamos es lo que nos dice el P. Hidalgo. Doña María Nicolasa estaba por entonces en Madrid compartiendo domicilio con su hija y con su hermana y nada sabemos de lo que aquel paso al frente pudo suponer en su ánimo; en Cascante, don José María López no debió tener noticia del paso al frente dado por su hija y su cuñada en el empeño por dar continuidad a la Obra iniciada veintidós años antes.

Hoy rendimos el más sentido homenaje de gratitud a quienes quisieron, conscientes o no, abandonarse a la voluntad de Dios y convertirse en piedra angular de un edificio que durante siglo y medio, bajo la protección de la Inmaculada Virgen María, no ha dejado de sembrar semillas de esperanza en el corazón y en la vida de las jóvenes que el Señor  ha querido encomendar al cuidado del Instituto.