Entre los avisos que la Madre
Fundadora daba a la comunidad de la Casa Madre hay uno que ahora, cuando menos,
nos arranca una sonrisa: «No encenderán los
fósforos en el suelo» .
El 23 de enero de 1878, para
celebrar la boda de Alfonso XII con su prima María de las Mercedes, lucieron en
la Puerta del Sol las primeras luces eléctricas de la ciudad a través de
faroles con arcos voltaicos. Desde entonces las lámparas eléctricas compartieron
con el gas la iluminación, y aunque la luz eléctrica empezó a utilizarse para
la iluminación pública en el año 1881, no llegaría a instalarse completamente
en Madrid hasta bien avanzado el siglo XX.
Una Real Orden de 1888 prohibió el alumbrado por gas y velas no protegidas por farolas en los teatros de la ciudad. Los contratos de electricidad se multiplican y la respuesta empresarial se hace urgente. En 1889 se crea la Compañía General Madrileña de Electricidad, que convive con la Compañía Inglesa de Electricidad. Antecesores todos ellos de las grandes compañías eléctricas españolas actuales.
En el año 1901 en España
existían 861 centrales con una potencia total de 127.940HP (caballos de vapor).
De la cifra total de centrales, 648 dedicaban su producción al servicio público
y 213 a usos particulares.
Una de esas centrales era la “Sociedad
de Electricidad de Chamberí” con la que se firmó un contrato para el alumbrado de la Casa Madre con un
total de 134 lámparas. Esa decisión anuló en Madrid el 15 de diciembre de 1900 la
llamada de atención acerca del encendido de los fósforos. El primer edificio
que inauguramos en la Congregación con interruptores para encender y apagar las
luces fue la “Casa de Nazaret” construída para las chicas de la Casa Madre en
la calle de San Andrés, para la que se firmó un nuevo contrato de 63 lámparas,
el 26 de noviembre de 1901. A partir de entonces bastó un giro de noventa grados en un interrumptor colocado en la pared para iluminar una habitación de una forma que a no pocas se les antojaría casi milagrosa.



