domingo, 3 de marzo de 2019

1869 - 2 de Marzo - 2019

Se cumplen 150 años de la muerte de Manuel María Vicuña García, fundador junto con su hermana, doña María Eulalia Vicuña, del primer Asilo para la acogida y protección de sirvientas en Madrid.


lunes, 21 de enero de 2019

21 de enero


Determinar lo que es mejor, lo que más conviene, lo que nos ofrecerá a medio y largo plazo los mejores resultados se me antoja no sólo difícil sino a veces rayano en lo imposible. La libertad humana y las opciones de cada persona hacen que la vida y el desarrollo de los acontecimientos nos reserven sorpresas totalmente inesperadas y a veces opuestas, para bien o para mal, a todos nuestros cálculos.
Desde la óptica de la fe, a la libertad y la voluntad humanas se añade un componente esencial que es la Voluntad divina y su designio salvador. Hemos sido creados para ser felices más a allá de nuestros cálculos, pero no siempre es fácil asumir la adversidad, el dolor y las contrariedades como parte de un conjunto cuyo resultado ofrecerá un balance positivo.

Un día como hoy, 21 de enero de
1870  Santa Vicenta María empezó a tomar nota por escrito de lo que iba ocurriendo en torno a la casa de sirvientas  en Madrid y sus proyectos para el futuro.  En esas líneas afirma que «permitió Dios que presentasen a la junta, [los propietarios del inmueble que habían suplantado a la Junta de señoras],  unas bases contra los estatutos, que fueron aprobadas, en que se disponían cosas contrarias enteramente al fin que la Asociación se había propuesto de proteger a las pobres  sirvientas». De esa contrariedad se valió Dios para confirmar la vocación de Santa Vicenta María como fundadora de una nueva familia religiosa que garantizase y diese continuidad a la obra de acogida, formación y protección de las jóvenes dedicadas al servicio doméstico.
El 19 de septiembre de 1883, en carta a su madre escribía Santa Vicenta María: «Si se cae el mundo nos coje debajo, pero en el orden natural de cosas, conforme la Bolsa está hoy, no parece imprudente emplearlo en papel del Estado, y sí que no produzca por tanto tiempo». En el orden natural de cosas y en la confianza que siempre les había merecido el administrador Pedro Moreno no parecía que hubiera grandes motivos para inquietarse, pero no siempre lo que parece corresponde a la realidad y el día 21 de enero de
1884 muere repentinamente D. Pedro Moreno y Maiso­nave, depositario-administrador del capital,
en títu­los, de la herencia que legó D. Manuel María Vicuña para el Asilo de Madrid.

M. María Teresa Orti, comunicó la noticia a la Madre, manifestando como por instinto, su temor por la suerte que habría corrido el dinero. A la Madre le molestó aquella salida de desconfianza y exhortó a la Hermana a que se arrepintiese antes de comulgar. La cautela y prudencia del Sr. Moreno y la confianza con que siempre le habían mirado, alejaba una idea semejante.
Santa Vicenta María participó del luto de la familia y después esperó noticias acerca del capital. Las sospechas crecieron y la instintiva alarma de M. María Teresa Orti se confirmó: se habían perdido 40.000 duros. El Señor había elegido sus medios y Santa Vicenta María no cayó por ello en la desconfianza, aunque humanamente es cierto que la pérdida de aquel dinero la ponía ante un callejón sin salida. Pero, para quien ama, para quien cree y para quien espera hay siempre una luz encendida y un camino abierto. La pérdida del capital que sostenía el colegio de Madrid brindó a Santa Vicenta María una oportunidad de oro para explicar a sus hijas dónde hay que poner la confianza y buscar la solución a los problemas.

Y no parece casual que fuera precisamente otro 21 de enero, en el año de
1920 cuando M. María Teresa Orti presentó a sus consejeras el proyecto de un pensionado para niñas en la Casa Madre gracias a la generosidad de los Sres. de Saez que ofrecían un donativo para ello. El consejo aprobó la propuesta aquel mismo día y cincuenta niñas de 3 a 14 años, huérfanas y pobres, que sin casi amparo ninguno vivían, formaron el primer grupo de niñas internas que vivieron en la Casa Madre hasta que pudieron ganarse la vida por sí mismas, ya en el servicio doméstico, ya en trabajos de obreras.
Nada es lo que parece. Desde los primeros siglos del cristianismo la sangre de los mártires ha sido semilla de nuevos cristianos y, de la misma manera, cada sacrificio, cada renuncia, cada entrega es una semilla que cae en tierra buena y da fruto… no importa cuánto tarde en germinar el grano y en crecer la planta… cuenta el cuidado de la tierra…

miércoles, 16 de enero de 2019

16 de enero - Museo de Cascante

Un día como hoy... hace ya doce años... Un gran sueño se hizo realidad en lo que fuera hogar los Jiménez-Diago, de los López-Jiménez, de los López Vicuña... 
La casa que acogió el nacimiento de santa Vicenta María López y Vicuña se convertía en la primera casa-museo de la ciudad de Cascante el 16 de enero de 2007. 
Una reliquia en sí misma, depositaria de reliquias familiares, personales y congregacionales. 
Un lugar privilegiado para encontrarse con la santa Cascantina, con su entorno familiar, con los orígenes de su vocación y de su obra, con la historia de la Congregación fundada por ella. 
El que fuera por entonces Presidente del Gobierno de Navarra, D. Miguel San Sesma; la Alcaldesa de Cascante, doña María Ángeles Ochoa; una representante de la Superiora General, H. Carmen María Palop; dos de las superioras provinciales de Españas: María Concepción Notario y María Purificación Prada; un nutrido grupo de Religiosas de María Inmaculada; devotos y vecinos de Cascante se dieron cita para abrir el libro de visitas de un Museo que no ha dejado de abrir sus puertas cada día para recibir en su recinto a grupos y particulares que recorren espacios y se detienen ante los objetos mientras escuchan relatos de labios de H. Vicenta María Seco López que complementan y enriquecen cuanto los visitantes ven y admiran.
















miércoles, 7 de noviembre de 2018

Estella, 6 de noviembre....


 Un día como hoy


1842: Todo empezó, o más bien se rubricó, en… Estella… un domingo 6 de noviembre, en la casa solar de los Vicuña García. El alcalde de Cascante, José María López, llevaba mucho con el pensamiento fijo en una señorita ocho años más joven, María Nicolasa Vicuña, que residía en la Plaza de Santiago. Decir que nunca se habían visto parece osado aunque haya que admitir que D. José María se enamoró de María Nicolasa no tanto por lo que vio en ella, cuanto por lo que oyó sobre ella. “Cartas iban y venían”, no de Londres a Madrid, sino de Estella a Cascante en una época en que la las modernas teologías no interferían en las relaciones personales… el tiempo se empleaba en hablar, en escuchar, en leer, en escribir, y a través de esos medios se iban conociendo personas que entraban en el mundo de los sentimientos e intereses incluso de quienes no tenían un trato personal y directo… Y eso fue lo que ocurrió…
Casa-solar de los Vicuña Garcia en Estella

En Cascante vivían los hermanos Juan Manuel y Joaquín Vicente García Rincón que mantenían estrecha relación epistolar con sus sobrinas de Estella. La correspondencia familiar se alargaba fácilmente a un círculo más amplio en el que entraban parientes y amigos… y el contenido de las cartas daba pie para otros comentarios… José María López, escuchando, imaginando y soñando, acabó por enamorarse. Y cuando los sentimientos ya no le cabían en el pecho decidió, según la costumbre de la época, pedir la mano de María Nicolasa, a su hermano mayor porque su padre ya había fallecido.

Quienes la conocían daban por hecho que entraría monja en algún monasterio y por eso sorprendió su respuesta a la propuesta de matrimonio que le comunicó su hermano: «si debes darle una respuesta categórica, puedes darla “afirmativamente” fiando en Dios que, si no conviene, lo estorbará con su omnipotencia».  María Nicolasa Vicuña ponía en manos de Dios aquel proyecto de matrimonio con toda la confianza que emana de la fe… y el Señor se encargaría de fecundar la alianza de amor que José María López le  proponía.
Antes de seguir adelante se hacía obligado que los novios se encontraran y se conocieran personalmente. José María quiso evitar cotilleos en Cascante y en Estella acerca de su noviazgo… por eso no viajó directamente desde su casa a la de Nicolasa. Su condición de alcalde justificaba sobradamente un viaje a Pamplona, y su estrecha amistad con los Vicuña podía muy bien disimular una visita a las hermanas María Nicolasa y María Dominica en Estella.
Puerta principal de la casa de los Vicuña en Estella
El domingo 6 de noviembre de 1842 se encontraron y decidieron la boda, y el lugar de residencia, y se despidieron sin darse siquiera un apretón de manos… porque el novio no quiso dar pie a una mala interpretación de parte de su prometida… La belleza física y el aspecto angelical robó toda la atención del licenciado José María López, que a los treinta y seis años de edad ya cumplidos, sabía bien que el amor, y el deseo de la posesión total de aquella joven con la que quería compartir el resto de su vida, tenía que cimentarlo necesariamente sobre el respeto, el conocimiento y el aprender a ver desde la otra persona…

miércoles, 18 de abril de 2018

18 de abril... "Decretum laudis"

130 años desde aquel día que santa Vicenta María calificó como  "el más fausto acontecimiento desde que la Congregación existe"... un día para agradecer.... para prolongar aquel Te Deum que las cerca de cuarenta y cuatro religiosas de María Inmaculada que formaban la Congregación en la primavera de 1888 entonaron emocionadas... con toda su confianza puesta en Dios y con toda la alegría que les invadió al saber que la Iglesia ponía su sello en aquella pequeña nave de salvación para muchas almas, cuyo cuidado nos encomienda el Señor...
Embestida por fuertes vientos o navegando serena empujada por aires de bonanza... El Señor no ha apartado nunca la mano del timón de esta navecilla... La Virgen ha lucido siempre como la más fiel estrella que alumbra nuestra navegación... las que nos han precedido velan nuestra trayectoria... en los mares de este mundo siguen alzándose manos necesitadas de una navecilla que les ayude a alcanzar el puerto... 
Por cada joven salvada... por cada joven en camino de salvación... por cada mano alzada en busca de ayuda... "A ti, oh Dios te alabamos, a ti, Señor te reconocemos.... ¡salva Señor a tu pueblo y bendice tu heredad!"

jueves, 15 de marzo de 2018

1868 - 15 de marzo - 2018




Han pasado ya 150 años desde aquel domingo 15 de marzo de 1868 en el que una joven, a punto de cumplir sus veintiún años respondió a una pregunta que frustraba ilusiones y abría de par en par las puertas a un infinito mundo de sueños y proyectos de vida eterna...
Santa Vicenta María terminó los Ejercicios espirituales en el Primer Monasterio de la Visitación Real de Madrid bajo la dirección del P. Luis Pérez SJ y con el apoyo de la oración de toda aquella venerable comunidad...

Primer y Real Monasterio de la Visitación. Madrid
Fue con su tía Sor María Dominica Vicuña con quien rompió el silencio celosamente guardado durante diez días. Su tía la miró fija a los ojos y tal vez adivinó la respuesta antes de formular la pregunta... pero la comunidad de Salesas de aquel Monasterio necesitaba saber si se confirmaban sus ilusiones de ver a aquella joven incorporada a sus filas... y Sor Dominica hizo la pregunta: "¿Qué resolución has tomado?" y su sobrina con una expresión más propia del cielo que de la tierra... miró con ternura y complicidad a su tía mientras sus labios dejaban que el corazón hablara:
"Alegrémonos en Dios tía que es quien así lo ha querido y por quien hemos de quererlo también nosotras: ¡las chicas han triunfado!".
Dibujo de M. María de Porta Coeli Mezquita rmi
El final de la respuesta se convirtió más tarde en un slogan que se ha transmitido de generación en generación... que hemos repetido sin cansarnos todas las Religiosas de María Inmaculada, que las jóvenes han pronunciado, exclamado, gritado y cantado sin cantarse... un slogan que hemos escrito en todos los colores y con todos los tipos de caracteres... un slogan que es mucho más que eso...
En el silencio hemos ido dejando la verdadera respuesta: "Alegrémonos en Dios tía que es quien así lo ha querido y por quien hemos de quererlo también nosotras". Para santa Vicenta María no hay nada que pueda ensombrecer la voluntad de Dios cuando Él se manifiesta tan claramente... 
Aquellos Ejercicios son la mejor síntesis de su programa de santidad. El día 4de marzo, en sus notas de la meditación preparatoria escribió: 
"me esforcé algún tanto a entregarme totalmente a Dios, queriendo estar atada de pies y manos, y deseando hacer lo que Su Majestad quisiera únicamente; y pensé que querría, en la práctica, el cumplimiento de aquellas sus palabras: "el que quiera venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,4). Traté de prometer seguir esta doctrina negándome a todos mis gustos, etc"
Y la primera meditación del primer día sobre el Principio y Fundamento, la termina, como si fuera la última y resumen de los Ejercicios:
"Soy propiedad suya y a El solo le pertenezco. De consiguiente, de todos los dones que me ha dado, he de usar según Su Majestad quiera, pues cada uno dispone de sus cosas. Me ha creado con el fin de servirle aquí y de gozarle en la otra vida. Mi memoria no se emplee más que en aquello que agrade a Su Majestad; mi entendimiento sólo en conocerle y en todo aquello que redunde en gloria suya; y mi voluntad en amarle y hacer cuanto exija, pues es suya, y sería una injusticia apropiármela y abusar de ella inclinándola a practicar mis caprichos, etc. Pues os diré con S. Ignacio: "Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y toda mi voluntad, cuanto tengo y poseo a Vos lo devuelvo, pues Vos me lo disteis: todo es vuestro, disponed de ello a vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia que esto me basta y con ello seré bastante rico" (EE 234). Toda para Vos; no haya más voluntad propia."
Podríamos seguir repasando textos de aquellas notas... pero recogemos solamente una resolución escrita en su reforma de vida cuando, al tomarse el pulso, reconocer sus resistencias a seguir las inspiraciones divinas:
Prontitud en dar al Señor cuanto exija de mí, absteniéndome de todo gusto y ejecutando todo lo que sea de su agrado, cueste lo que cueste. Conozco que Dios lo quiere: pues, basta, aunque me repugne. ¿No soy suya? ¿No me ha sacado de la nada? ¿No me ha comprado con su sangre? En lugar de haberme arrojado al infierno al primer pecado que cometí, me esperó, y por tantos medios me ha llamado: ¿aún me negaré a darle esta voluntad que es lo único que puedo darle? ¡Con una gota de sangre hubiera podido redimirme y la derramó toda sólo por ganar mi voluntad! ¿Y aún se la rehusaré? No Señor, con vuestra gracia, renunciaré siempre a mi voluntad aún en las cosas más pequeñas y nada haré por contentarla, sino por seguir la vuestra.
Así son los santos…. así es santa Vicenta María… pendiente siempre de lo que el Señor pide y quiere… son una alegría que nada ni nadie puedo arrebatarle porque lo que Dios quiere es fuente de gozo y vivir cumpliendo su voluntad es un torrente de felicidad, de gozo, de paz, de santidad que se contagia y fecunda de semillas de Evangelio los campos por donde pasan…
Por eso, hoy, cuando se cumplen 150 años de una respuesta que cambió el rumbo de la historia para infinidad de personas, también nosotros queremos recuperar el sentido más profundo, el espíritu y la letra de la respuesta que santa Vicenta María nos dio a todos en la persona de su tía Sor María Dominica:
"Alegrémonos en Dios que es quien así lo ha querido y por quien hemos de quererlo también nosotras”.





viernes, 2 de marzo de 2018

¿Qué tendrá lo pequeño...?



No sé de quién lo aprendí pero me gusta preguntarme de vez en cuando: ¿Qué tendrá lo pequeño que tanto a Dios le enamora?
Se cumplen hoy 149 años de la muerte de Manuel María Vicuña... un hombre grande que supo hacerse pequeño porque lo pequeño enamora a Dios... No es tarea fácil llegar algún día a hilvanar una biografía de Manuel María Vicuña, pero nadie ha dicho que lo difícil sea imposible.
La única vez que Manuel María se enamoró de una mujer, rompió el silencio con respecto a su persona, porque: "el corazón tiene razones que la razón no entiende".
En Cascante se consolidó la vocación de Manuel María Vicuña
Tenía ya 40 años cumplidos cuando escribió desde Cascane, al que pudo haber sido su suegro, una carta que más que una petición de mano es un relato autobiográfico... 


A D. Felipe López Valdemoro, en Madrid.

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Cascante 24 de febrero de 1843

Mi estimadísimo Sr. D. Felipe: Después de pedir a Dios con instancia el acierto y de consultados sus vicegerentes para mí en la tierra con aprobación de todos y satisfacción completa de mi Sr. tío y hermanas ha llegado felizmente el día de declarar a V. abiertamente que amo para esposa a Inesita con toda la eficacia y pureza de que mi corazón es capaz. La amo por su juicio, talento y finura, prendas que descuellan entre tantas otras físicas y morales como reúne, y que la hacen para mí la mujer más apreciable que he conocido; pero sobre todo la amo porque creo firmemente que por su bondad soy amado verdaderamente y el propio intento que a mí me guía; bien que con la sujeción debida a la voluntad de V. conforme a la sana y esmerada educación que ha recibido y a la docilidad genial y sumisión de la mejor hija que su trato descubre. Aunque su decoro y mis principios han impedido que nos hayamos fran­queando los sentimientos de nuestro mutuo afecto, mi corazón me dice que el fondo de los dos es uno mismo. A tener sobre esto la menor duda, nunca me hubiera decidido a dar el paso para que sirve esta carta. Deseo lo entiendan V.V. así  y que siendo lo que me interesa más en este mundo lo fío a su conciencia la declaración más franca y espontánea de In[esi]ta.
Pero aunque yo suponga que por su bondad no por mi mérito, tenga su amor y por otra parte vea que es imposible me conozca yo cual soy y que debo serlo ya de VV. acaso mejor; me parece conviene para asegurar el acierto de V.V. así como par mi tranquilidad interior que yo me explique con alguna extensión sobre mis circunstan­cias principales para que no engañen las apariencias  favorables que haya en mí de cuya falsedad no es tanto mía la culpa como de los que a ciega o ligeramente me juzgan. Aunque sea pues a costa de mi amor propio me desahogaré manifestando las dificultades que en mis meditaciones sobre este asunto me han ido ocurriendo y al paso también  como he ido dándoles salida de alguna manera mi amor a In[esi]ta y el convencimiento que mi conciencia me dicta de que Dios nos destina a ser felices unidos. Ahora no permita este Sr. que al dar yo mis explicaciones se vea en ninguna o parezca verse tendencia a condiciones o cosa equivalente pues el amor alma del matrimonio no admite condiciones sino que suple por todo y hace que una vez abrazado ningún sacrificio se perdone en obsequio del objeto amado, que es lo que yo con la divina gracia me propongo hacer sin dudar de la correspondencia para su caso.
Vamos a nuestros intento discurriendo con franqueza y dejando a VV. la más absoluta para resolver.
No necesita V. que yo le advierta que la igualdad proporcional entre los esposos es una de las circunstancias más recomendables para la felicidad del matrimonio porque aquella trae la igualdad también de inclinaciones y contri­buye  a conservar el mutuo amor y la facilidad de auxiliarse recíprocamente toda la vida. Yo cumplí 40 años en agosto último e Inesita tendrá alguno más que la mitad, y por más que ordinariamente se repare poco en estas diferencias yo me detuve en el principio deseando que la de nuestra edad fuese 4 ó 6 años menos; pero al cabo me tranquilicé hallando la compensación en el juicio de Inesita y en mi deferencia genial. Creo no sea ilusión.
También me ocurrió desde luego la equivocación en que Inesita podría incurrir creyendo mi cabeza lo que no es y quizá considerándola privilegiada como la de V. así en el físico como en lo mental . Aunque gracias a Dios gozo y he gozado siempre de una salud igual y no he tenido enfermedades fuera de las fluxiones a la boca que han causado la ruina casi total de mi dentadura; pero además de esto hay que contar con que mi complexión no puede decirse robusta o capaz para grandes fatigas bien sea porque la vehemen­cia de mi espíritu altere mi físico o por cualquiera otra razón que yo no alcanzo. En cuanto a mi talento si llega a mediano, se rebaja mucho porque esa misma vehemencia me hace más tardo para comprender al paso que me obliga a querer estudiar hasta en sus ápices los asuntos y así resulta que yo gasto en el despacho de estos doble tiempo que cualquiera otro y que este amor trabajo lo paga mi salud, y por consiguiente mi aptitud no es con mucho lo que parece. Sin embargo fío en Dios cuya vocación creo que sigo que me dará fuerzas y hará llene las obligaciones de mi estado venciendo esta nimiedad que tanto me perjudica en lo que exceda a la delicadeza que exigen la concien­cia y el honor cuento superar con el mismo auxilio y el de la penetración tan poco común de las que espero me conceda el cielo para corresponder para vencer o suplir según eficazmente lo deseo mi sencillez o sea la falta de discreción o conocimiento del corazón humano que frecuentemente advierto en los negocios comunes influyendo en mí por otra parte desgraciadamente acerca de ellos el pícaro respeto humano con tantos otros defectos que mi fatal memoria no me presenta ahora y que se añaden a los muchos más que el desmedido amor propio me encubre. Hablo como siento delante de Dios.
En cuanto a intereses, por de pronto, si bien con algunas esperanzas para el provenir puede decirse también que no soy más aventajado. Las guerras y contra­tiempos los han reducido especialmente los de mis abuelos maternos y tres extraordinariamente. Heredo de mis padres con responsabi­lidad de dotar a mis hermanas y consumidos por consecuencias de la guerra, alojamientos que nos quedaron en metálico se calculan el valor de la casa y hacienda de Estella que he mandado tasar sobre 10.000 pies de a 4 pesetas moneda de Navarra de los que deben descontarse 3.000 importe de cada uno de los dos dotes y unos 10.000 rs. que aún se restarán a Eulalia. Los productos no puedo por de pronto tampoco puntua­lizarlos y sólo sé que no corresponden al que en esa capital y aun aquí tienen las fincas mucho menos no habiendo allí ya ninguno de la familia; para no andar en particiones y poder mejor venderlo todo junto o que entre por ello alguna de mis hermana llega a domiciliar en dicha ciudad, suponiendo que el marido de la que ha casado aquí ha de estar a la vista le hemos cedido para este intervalo la mitad del producto. contando con que la hermana menos que queda soltera vivirá en la compañía de mis hermanos de esa o del Sr. tío, siendo solo de mi cargo entregarle su hijuela o dotación llegado su caso.
Las líneas de los abuelos maternos o sea, de los tíos pues que Madre quedó pagada en vida de su haber han recaído en este mi Sr. tío por su propio derecho o como usu­fructuario. Las hay libres, aunque son las menos en Agreda y aquí, y la mayor parte con correspondientes a una cape­llanía merelega de que aquel es primer poseedor y que por derecho de sangre debía recaer en mi línea o sucesión si valiesen las reglas generales de la fundación pero que para casos como el de las leyes hoy vigen­tes dispone la distribución de bienes entre el capellán y sus sobrinos. El total valor de unos y otros puede calcu­larse sobre 300.000 rs. y además hay bastantes créditos siendo el principal uno de 70.000 rs. contra la Villa de Agreda, miserable hoy, pero que debemos esperar sea otra cosa completándose la carretera de esa corte a Francia en que están trabajando. Las probabilida­des pues son que a su tiempo entraremos los cuatro hermanos o quienes nos representen por iguales partes en la sucesión de dichos beneficios en los cuales como en todos los demás libres de Navarra y que saben ya que sus leyes dan el usufructo al cónyuge Ahora mi Sr. tío por varias razones y especialmente por su genio y carácter de eclesiástico al paso que no obtiene los rendimiento que otro de diferentes circunstancias podría conseguir, tiene para sus distribución multi­plica­das las atenciones de caridad, etc. y además después de haber coadyuvado para la colocación de Nicolasa se propone hacerlo también cuando llegue la de Dominica a quien debe proteger más que a mí. En estas circunstnaicas por un esfuerzo de su afecto y generosidad ofrece para mi alojamiento el cuarto o casa que ahí tome y darme la librería por de contado de nuestro Difunto. Así que de todos modos mi principal recurso en esa debe ser la aboga­cía; conque si se verifican mis designios creo deber contar con la protección de V. para ejercer esa profesión con alguna utilidad desde luego, y a los por el tiempo suficiente para hacerme lugar o conocimiento en la Curia.
También me parece debo hacer en esta mención de mis compromisos políticos. Suponiendo me harán V.V. la justicia de creerme muy ajeno de figurar, también espero me la hagan al manifestarles que desde el 1er cargo de Vocal de la Junta de Navarra que se me confirió a luego de haberme llevado a casa la enfermedad última de mi difunto padre fueron multiplica­das mis renuncias dirigidas por el conocimiento de mi inaptitud a la par de la presión tan ardua en que sus atribuciones y las circunstancias colocaban a aquella corpora­ción previen­do que en ella iba a ser uno víctima estérilmente. Pero en proporción inversa de mis esfuerzos por no mandar fuesen el empeño y mandatos que racionalmente me forzaron sin excusa, y gracias a Dios que me salvó del destino de juzgar, el más terrible en medio de la guerra y al que desde el principio mire para mí al menos como imposible resuelto a pasar por cuanto había en el mundo antes que admitirlo. Por dicha mía puedo decir que generalmente me ocupé siempre de hacer bien o aminorar los males inevitables, sin que me parezca haber quedado enemis­tado con ninguno antes en todos los partidos tengo muy buenos amigos. Por lo demás ahora como siempre he apetecido seguir las huellas de mi difunto tío y toda mi ambición se cifra en vivir retirado e independiente con la abogacía, asumiéndola cuando haya estabilidad y mi compromiso con cualquiera asesoría de rentas. Mas si como es tan fácil andando el tiempo, el error o afecto imprudente de los que creen conocerme y estimarme me comprome­tiesen en otra cosa, llano es que cuanto deba hacer ha de ser consul­tando a la que una su suerte con la mía y procurando su bien y voluntad después de la de Dios antes que la mía.
En medio de las interrupciones en que escribo y sin tiempo para más no pudiendo sufrir pasar ya más tiempo sin dirigir a V. esta carta, no ocurre otra cosa que añadir sino que quedo dispuesto a satisfacer a V.V. en cuanto crean oportuno.  He preferido hablar a V. por escrito porque siempre se hace con más exactitud y por dejar a V.V. más libertad contes­tando en la propia forma. Estamos ya aquí reunidos con el Sr. tío los sobrinos y por complacerle habremos de detenemos unos 10 días. Si V. pudiera responderme antes de separarnos se lo agradeceríamos todos; en la inteligencia de que son un sí desnudo quedarán cumplidos todos mis deseos.
Ofrezco a V.V. la voluntad más sincera y decidida y a Inesita el sacrificio más constante de ella que es cuanto se halla a mi alcance, al paso que le ruego a Dios el acierto y que después confíe ciegamente en su providencia pues es de fe que a quien busca el reino de Dios lo demás se le dará por añadidura.
Mi Sr. tío y Eulalia particularmente así como mis hermanos saludan a V. afectuosamente y a su Sra. Dª Mari­quita con Inesita, Diego y Norberto con besos a los niños y yo me repito suyo con todo mi corazón absolutamente suyo y B.S.M.


Manuel María Vicuña

Pudo haber sido... pero no fue. Los planes de Dios que Manuel María había seguido siempre con escrupulosa fidelidad... no habían cambiado... los hijos de Manuel María seguirían siendo los pobres. Por ellos y para ellos viviría en escrupulosa fidelidad a su vocación cada uno de los días de vida que el Señor le regalara.
Su humildad, su pobreza, su fe, su clara visión del camino hacia la salvación que Cristo nos ofrece... hicieron el milagro de un hombre grande que se identificó con los más pequeños.