domingo, 8 de mayo de 2016

Un día como hoy... 8 de mayo

Caja en la que se salvaron los restos de a Madre Fundadora
1939: Es muy difícil imaginar las emociones que se vivieron en la Casa Madre de la Congregación el día 8 de mayo de 1939… Aquel día señalaba el final de una incertidumbre que le pesaba a la Vicaria General, M. María de San Luis de Caso, tal vez más que a nadie …
El 28 de mayo de 1931, los restos mortales de la Madre Fundadora habían sido trasladados desde la Casa Madre, donde descansaban desde 1893, hasta el domicilio de la Condesa de Vigo, doña Josefa Tenreiro, en la cercana calle de Génova.
El horizonte político y social que podía vislumbrarse en España inspiró el ánimo de M. María de la Concepción Marqués la conveniencia de poner a salvo aquella reliquia. En agosto de 1936, tras un registro en la casa de la Condesa y el posterior traslado de algunos objetos de valor a los sótanos del Museo del Prado, hicieron perder la pista a la caja que custodiaba los restos de santa Vicenta María.
M. María de la Concepción falleció en San Sebastián en el 19 de enero de 1939, sin ver terminado el conflicto bélico y, por consiguiente, sin poder reunir a las Hermanas que se habían dispersado a causa de la guerra, y sin saber qué había sido de la reliquia.
En el Museo del Prado, junto a las pertenencias de la Condesa de Vigo apareció una caja que D. José Artero Pérez, M. María de San Luis de Caso, M. María Enriqueta Contretras y M. María de la Natividad Ballesteros, pudieron identificar y recuperar el día 8 de mayo de 1939.

Por la tarde, en la Casa Madre hubo Credo, Salve y plática de D. José Artero y hubo mucha gratitu y mucha alegría…

jueves, 21 de abril de 2016

Un día como hoy... 21 de abril

Madrid. Puerta de Sol. Mediados del s. XIX
La intuición apostólica de Manuel María Vicuña, que germinó en una «sala de convalencientes» en el interior del Hospital de San Juan de Dios en Madrid, bajo la dirección de la Hermana mayor de la Congregación de la Doctrina Cristiana, doña Ignacia Rico de Grande y de doña María Eulalia Vicuña, comenzó a dar claras señales de buena y prolongada cosecha, cuando el 21 de abril de 1845, doña Ignacia Rico de Grande y la señorita Micaela Desmasièrs inauguraron, en la Calle de Dos Amigos, el «Colegio de María Santísima de los Desamparados» con el fin de «recoger e instruir a las mujeres arrepentidas que lo solicitaren al salir del Hospital de S. Juan de Dios»
Santa María Micaela del Santísimo Sacramento
La dirección del Colegio la encomendaron a una Junta de Señoras, formada por las Marquesas de Malpica y de Alcañices, la Condesa de Zaldívar y Dª Mª Teresa Gaviña.

Santa Vicenta María López y Vicuña

El tiempo, los acontecimientos que se sucedieron posteriormente y el gran celo apostólico de santa María Micaela y de los hermanos Vicuña regalarán a la sociedad y a la Iglesia dos instituciones que garantizarán su misión con la fundación de dos congregaciones religiosas: Las Esclavas del Santísimo Sacramento y las Religiosas de María Inmaculada 

lunes, 18 de abril de 2016

Un día como hoy... 18 de abril

1888: Desde el 7 de enero estaba santa Vicenta María en Barcelona. Un mes hospedada en la casa de las Reparadoras de la calle Caspe y, desde febrero, en la calle Condal, donde se encontraba la primera casa que ocupó la comunidad en Cataluña. Las ocupaciones propias de una nueva fundación y los asuntos que llegaban de las otras tres casas abiertas no distrajeron su atención de algo que le importaba sobremanera. Santa Vicenta María, negociaba ante el Sagrario la aprobación pontificia del Instituto mientras en Roma eran otros quienes negociaban. Al fin, el 18 de abril de 1888, Su Santidad León XIII, a través de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares, concede el «Decretum laudis» a la Congregación de Hermanas del Servicio Doméstico. El Decreto en sí ya justificaba sobradamente el gozo de la Madre Fundadora, pero llegaba con un plus: al nombre de la Congregación se añadía el de su titular y se denomina: «Hermanas del Servicio Doméstico de la Inmaculada Concepción».
Cuando, santa Vicenta María, tuvo noticia de la firma del Decreto y de su contenido no dudó en afirmar que se trata de «el más fausto acontecimiento desde que la Congregación existe».
El Decretum laudis era el sello del reconocimiento por parte de la Iglesia y para la Madre Fundadora  «ya no queda duda de que Dios quiere que la Congregación exista, y puede esperarse todo, si por nuestra culpa no lo desmerecemos».
Con el Decreto, la Iglesia daba estabilidad a su Obra y Santa Vicenta María dejaba que el Señor formara en ella el mejor instrumento para «dar a la sociedad moderna la solución al problema de los problemas, al problema de la unión social que no se arregla solo con portamonedas sino con corazones; ella es la que ha sabido unir con cariño de madre esas dos distancias inconmesurables hermanando al rico y al obrero, al proletario y al que nada en la abundancia».


lunes, 28 de marzo de 2016

Un día como hoy... 28 de marzo

Madrid. Hospital General
Era el año de 1849 y la Congregación de la Doctrina Cristiana en Madrid, en seis años de existencia, se iba abriendo paso en medio de las necesidades más apremiantes que la sensibilidad cristiana hacía descubrir a sus asociados en Hospitales, Cárceles, Asilos o en las calles…
En 1846, a la muerte de doña Ignacia Rico de Grande, fue nombrada doña María Eulalia Vicuña «Hermana Mayor» en el Hospital de San Juan de Dios.  Apenas habían pasado dos años y medio cuando el 28 de marzo de 1849, fallece la que era «Hermana Mayor» en el Hospital General, doña María de los Ángeles Melgar. Para sustituirla fue trasladada doña María Eulalia Vicuña con el mismo cargo desde San Juan de Dios al Hospital General. No negamos que el cambio fue una maniobra humana de conveniencia y de que, incluso geográficamente, puede considerarse como un ‘descenso’. María Eulalia bajó la calle de Atocha el 20 de abril para ponerse al servicio de las mujeres acogidas en el Hospital. Recordar estos acontecimientos históricos con la luminosidad de la celebración de la Pascua nos permite volver a considerar el valor de lo pequeño y el sentido profundo de lo que a primera vista se nos puede antojar vanal o absurdo.
María Eulalia Vicuña
María Eulalia Vicuña, influenciada por su hermano Manuel María, había decidido ya llevar un estilo de vida sobrio que le permitiera un mayor acercamiento a las jóvenes que llegaban a Madrid sin más equipaje que un sueño en el corazón y un pequeño atillo al brazo, ni más preparación para el trabajo que el manejo de su propias manos.
El Hospital General se convierte para María Eulalia Vicuña en la definitiva puerta de acceso a la obra social y apostólica mediante la que podrá liberar de la ignorancia, del pecado, de la explotación laboral, de la seducción de las mafias… a un incontable número de mujeres en Madrid… Su sobrina, santa Vicenta María López y Vicuña echará más tarde los cimientos de una Institución que dure más que los particulares, para garantizar la continuidad de la obra iniciada por sus tíos, y llevará la obra a otras ciudades españolas. M. María Teresa Orti, romperá el cerco de España y de Europa…
Santa Vicenta María
Porque «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24)… 
De la murciana doña María de los Ángeles Melgar, apenas sabemos que nació el 3 de agosto de 1811, que permaneció soltera y que murió en Madrid, el 28 de marzo de 1849, siendo Hermana Mayor de la Congregación de la Doctrina Cristiana establecida en el Hospital General de Madrid, lo que sí sabemos es que su muerte fue un estallido de luz pascual en la Iglesia y que esa se ha extendido para seguir iluminando y dando sentido moral, cristino, social y cultural a la vida de muchas mujeres jóvenes a quienes la necesidad obliga a alejarse de su propia familia y de su ambiente en busca de mayor formación y cultura o de un trabajo digno y justamente remunerado.

martes, 8 de marzo de 2016

Un día como hoy... 8 de marzo

Corría el año de 1862, y era el sábado 8 de marzo...
La Basílica y el desaparecido convento de San Francisco, Madrid.
Manuel María Vicuña y su hermana María Eulalia, pusieron en marcha la 2ª casa de huérfanas y sirvientas, para evitar pueda haber en el establecimiento personas que no conviniesen para el orden y recogimiento del noviciado, se establecerá una casa, dependiente del mismo, en que sean admitidas cierta clase de sirvientas, según se había acordado entre las condiciones con que determinaron el establecimiento de un Noviciado para las Hermanas Terciarias del Carmen dentro del edificio situado en la plazuela de San Francisco de Madrid. Para ello, los hermanos Vicuña tomaron en arriendo, con fondos de familia, unas habitaciones del ex-convento de S. Francisco.
Unos días más tarde, doña María Eulalia lo comunica con satisfacción a su cuñado, don José María López:

Nosotros tenemos que dar muchas gracias a Dios porque nos deja en medio de nuestros malecillos andar en las obras de caridad como si fuésemos unos muchachos.

El día de S. Juan de Dios hemos dado principio a la 2ª casa para sirvientas bajo los mejores auspicios y con muchos elementos. Yo me encuentro fuerte y valiente para esta nueva fundación porque veo que para esto tengo más salud que para cosas materiales y de ninguna ganancia para el alma.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Un día como hoy... 2 de marzo

Un día como hoy, el 2 de marzo de 1869, fallecía en Madrid Manuel María Vicuña y García, alma e impulso de las obras de caridad llevadas a cabo por su hermana María Eulalia y un grupo de mujeres que la secundaban y ayudaban hasta hacerse una con ella.
Manuel María defendió como nadie la obra de acogida y formación de las jóvenes, que a mediadios del siglo XIX, se veían obligadas a abandonar sus hogares en busca de un trabajo remunerado que aliviara las necesidades básicas de ellas y de sus familias. Entre sus escritos, contamos con una contestación hecha por Manuel María en mayo de 1860, cuando sus compañeros tomaron algunas decisiones que iban en contra de los intereses de las jóvenes más necesitadas y amenzaban con malograrla:

  Después de dar gracias a la junta por su deferencia en parte hacia mi opinión expuesta en mis comunicaciones anterio­res, me creo por lo demás en el caso de manifestar que mis convicciones son cada vez mayores respecto a la inmensa importancia y necesaria ejecución de nuestra obra a favor de las sirvientas, consignada en los Estatutos y aceptada en principio, que es lo que corresponde, por parte de los Sres. propietarios de la casa en el acta de convenio para la erección del Noviciado, suscrita por los mismos con el Excmo. Sr. Claret y con el Sr. Tenorio. Dios permite que yo tenga que apoyarme en estos dos documentos para sostener una fundación que principiada hace siete años sin más recursos que la Providencia cuenta hoy con tantos o mayores que cualquiera otra de las de su tiempo, teniendo además en su favor no solo la más decidida voluntad de las Señoras asociadas que se han consagrado a trabajar en ella, sino también el interés recíproco de todas las clases de la sociedad o público de Madrid. Así pues, yo quisiera que los Sres. que son dueños conmigo de la casa adquirida para dicho establecimiento alentaran su buena voluntad conside­rando que nuestra importante misión de caridad consiste principal­mente en hallar y establecer permanentemente los medios de relación entre dos tendencias mutuas y necesida­des recíprocas, que ofrecen grandes resultados finales, esto es, la de las sirvientas, que buscan casas de confian­za, y la de éstas, que anhelan tener buenas criadas. Al discurrir yo sobre las dificultades que se presentan para resolver este problema, creo compensadas providencialmente las penalidades que éstas producen con la satisfacción que experimento cuando a la luz de la reflexión, respecto del porvenir se me abren nuevos horizontes. Iré diciendo lo que considere más oportuno.
  Sin elevarme a disertar respecto a cuanto pueden en la mujer los sentimientos del pudor, ni sobre las causas que muchas veces llegan a oscurecer estos, me basta por ahora, llamar la atención acerca de que casi todas las familias pobres y muchas que no lo son enteramente tienen que sacar para los pueblos mayores a fin de colocarlas de sirvientas sus jóvenes hijas en la edad más crítica por el desarrollo de las pasiones, y por los riesgos a que se ven expuestas. Esta muchedumbre de jóvenes, casi innumerable en Madrid, fluctúa en medio de los azares de la sociedad, porque carecen de sus madres o familias que las vigilen y dirijan, ni aún existen ya las ideas que hacían punto de honor a continuar los frecuentes desacomodos y demás inconsidera­ciones tan frecuentes hoy en el servicio doméstico; y así, vienen a ser tantas incautas víctimas de la disolución e instrumento principal de la perversión pública. Pero aún en este estado, acérquese a ellas la caridad vivificadora, y serán las menos o muy pocas las que no se levanten de su lecho de muerte. Guiados por el ejemplo de los santos más distinguidos por su caridad con los pecado­res, así nos lo atestigua la diaria experiencia. ¡Cuánto más no podrá conseguirse de las jóvenes no estragadas si se las protege y dirige! Mas, entretanto la desmoralización crece hasta el punto de que, a cada hora las criadas hacen inseguras las casas de sus amos; y para ocurrir (sic) a tanto mal, todas las clases acomodadas desean preservativos y remedios, de modo que para contrarrestar en su origen la corrupción de costumbres puede contarse, después de Dios, con el grande móvil de los intereses particula­res, que buscados con acierto nos darán la cooperación mayor o menor de todas las familias que necesiten sirvientas. Así pues, debemos comprender, que el grande medio para llevar a cabo nuestra importante misión consiste en traer a centros determinados estos intereses recíprocos, haciendo que nuestra obra descanse sobre institu­ciones que tengan un lazo común y a donde procuremos venir, directa o indirectamente, en el mayor número posible, las sirvientas y las amas o Sras. de casa. Este lazo es la enseñanza, particularmente de la Doctrina cristiana; y la institu­ción para la generalidad de las personas es la de las escuelas dominica­les que sean convenientemente estableci­das para adultos. Aquí vienen a enlazar mis ideas no sólo con las del Sr. Teno­rio, sino también con las del P. Cuevas, fundador de las dominicales en España.


jueves, 25 de febrero de 2016

Un día como hoy... 25 de febrero

Beato Ciriaco María Sancha
En Toledo se lloraba... en Toledo se rezaba... en Toledo se suplicaba al cielo la gracia de la salud para el Cardenal Sancha, aquel gigante de la caridad que la Providencia quiso pequeño de estatura, tal vez para que los más pequeños y los más pobres lo sintieran muy cercano...
La salud del Cardenal era objeto de la oración de todos los que rezaban... y el íntimo deseo de los que pensaban que no sabían rezar...
Al cuerpo del Cardenal ya no le quedaban fuerzas... ni a su cartera dinero... ni a sus armarios ropas... ni a su despensa comida... Pero el Cardenal no quería abandonar a ninguno de los hijos que la Providencia que le había dado... y su corazón misericordioso alcanzó misericordia... liberado de aquel cuerpo cansado y enfermo el Cardenal Sancha estaría más cerca de todos y más presente a las necesidades de quienes le tendían la mano, le suplicaban consuelo, le imploraban ayuda...
En la calle del Ángel dejaba el Cardenal Sancha el colegio para jóvenes sirvientas en el que se cantaba desde hacía ya unos días la Letanía de los Santos para pedir su salud... El día 24 de febrero, miércoles de ceniza, las palabras del sacerdote: "Memento homo, quia pulvis es et in pulverem revertis" cobraron un acento particular... y redoblaron fervor y oraciones porque sabían mucho aquellas religiosas y las jóvenes de la bondad y delicadezas del Cardenal... y no querían que se fuera. Al día siguiente, el 25 de febrero, el Cardenal Sancha, se abandonó definitivamente en el corazón misericordioso del Padre, para seguir desde allí latiendo al unísono con el Amor Misericordioso de Dios y las necesidades de cuantos aparentemente dejaba huérfanos y de cuantos hoy le seguimos pidiendo el ardor de su caridad y su solicitud por la unidad de la Iglesia.